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20 de noviembre de 2012

El chico de la tapa

Quiero decir: el chico cuya tapa ilustra mi nombre de bloguera, y con cuyos poemas estuve machacando desde que empecé con el blog, por ejemplo acá, acá y acá, finalmente tiene su libro. El libro es bilingüe y tiene fotos. Estoy muy pero muy contenta. Próximamente anuncio la presentación.



16 de noviembre de 2012

Él dijo, ella dijo

¿Se acuerdan de mi amigo Mark Dow, con quien siempre andamos traduciendo todo de ida y vuelta; mi consultor permanente en temística inglesa? Me encantó este otro poema suyo y lo traduje. Lo traduje, lo revisó, lo corregí, opinó, todas esas cosas que se suelen hacer. También me escribió una cartita sobre el poema, y también la traduje. Acá abajo, las dos cosas:


Digo

Es decir, sabía que sabía lo que era pero
la melodía se reconoce pero el tempo
va más rápido. Acelerado. Algunas partes sí,
pero otras van bien lento. Primero cuando lo
escuché creí que era Bach. Él hace sonar todo
como Bach pero no era. Sí, pero
las melodías, es como si la partitura
la viera tridimensional. Es como uno
de esos diagramas esquemáticos
donde ves todas las piezas separadas,
un carburador o lo que sea, para ver
cómo se vuelve a armar. Pero me hablabas
de la bendición, la de Sucot. Agitás el lulav,
ramas y hojas de palmera atadas,
como una escoba, una vez en cada dirección,
norte, sur, este, digo: para arriba y para abajo,
¿me entendés? Recitás la brajá, la plegaria,
pero entrecortada. Hay que quebrar el ritmo
del movimiento ondulante para que no toque
las palabras, no agitar las hojas cuando decís
el nombre de Dios. ¿No se supone
que ni tenés que pronunciarlo? Y lo dijiste.
Es el nombre del nombre, nada más.
No es lo mismo. Bueno, como sea. Decías
que decís la brajá en una especie de legato
mientras cambiás de posición el lulav.
Como la invocación de los santeros
para abrirle las puertas a Eleguá. O no,
para pedirle que te las abra a vos. Para vos,
decís. Él custodia las puertas y los cruces
donde empieza la posibilidad. Legba en vudú.
Cuida a los chicos, también. ¿Pero no sos judío?
Me sonás conocido. Como si nos hubiéramos
visto en algún lado. Entre cada punto cardinal
o tono hay otro y así sucesivamente. Es donde el
tiempo empezó o empieza todo el tiempo. No te sigo.
Es como si trataras de cortarlo
hacia los dos lados a la vez. Contarlo, dirás.
Ponele. Creo que entendés bien lo que digo.




Digo (Shake en inglés) es parte de una serie de “poemas de conversación” que estoy escribiendo. Tomé el término de Coleridge, aunque anoto conversaciones desde que era adolescente. A mí me parece que los poemas de conversación de Coleridge no eran sólo conversacionales (al menos en relación a sus otros poemas) sino que estaban dirigidos al interlocutor ausente. En su libro Coleridge (1968), Walter Jackson Bate dice: “Cuando [Coleridge] usaba el término (“El ruiseñor: un poema conversacional, abril de 1798”), era un poco disculpándose humorísticamente, como diciendo que se trataba de algo a mitad de camino entre la poesía y la conversación”. Mis propios poemas de conversación son documentales de conversaciones que tuve o escuché –o al menos así empiezan. Quién le dijo qué a quién ya no interesa. Al menos a mí no me parece que importe. Tal vez después eso cambie. Otra cosa: ahora que tradujiste Shake al castellano me doy cuenta de cómo se parece a algunos poemas tuyos; incluso a Paseo, que traduje al inglés, con esos versos sobre conversaciones o líneas de pensamiento que se cortan.
                                                                                                                                          Mark Dow 

(Acá está el poema mío que tradujo Mark).

8 de octubre de 2012

Hoy volvió Tomlinson


Una idea que me gusta pero de la que no estoy segura (para variar): que un poema "tuvo éxito" conmigo si logró instalarse de alguna manera en mi mente (con una imagen, una sensación, una frase) como para resurgir el día menos pensado.
Bueno, hoy me pasó. Atardecía, volvía caminando por Juramento en cierto estado emocional y me empezó como a acunar la cantinela: "tanto del entorno, lo no dicho, pesa sobre nosotros a esta hora".
Llegué y busqué el poema de Charles Tomlinson, que traduje en 1997 y pocas veces leí desde entonces. No era "lo no dicho" sino "lo no visto", y además hay otro verso en el medio. El poema no habla exactamente de lo que yo quería hablar. Y sin embargo vino a hablarme.                                                                                                                                                    
(Le pegaría una buena corregida a esta traducción pero ahora me dieron ganas de ponerla así. 
"Por Madison" es parte del libro Notas de Nueva York --Notes from New York-- que alguna vez traduje entero).                                                                                                                                              

Por Madison                                                                                                                                                                                                                                                                             
Caminamos por Madison. Es el final                                                                                                           
   de una tarde de invierno: la niebla                                                                                                     
suprimió los alcances de la vista
   mientras los ríos (no los podemos ver)
defienden su derecho a la isla que rodean.
   tanto del entorno, lo no visto -
el desamparo más allá de las torres cercenadas por la niebla -
   pesa sobre nosotros a esta hora:
saboreamos el vino de la soledad de los espacios
   en el mismo instante en que elegimos la calle
que parece un hogar al que se vuelve, convertida
   de pronto en fiesta cuando entramos en ella
con el olor de las castañas en los braseros de la esquina.

23 de septiembre de 2012

Cuando sea grande quiero traducir del italiano


Dunque sigo practicando. Dos Rodaris más, en versión dominguera.

¿Por qué la gente no se lleva bien?

Se lo pregunté a un conocido que se las sabe todas. Me respondió:  "Y... ¡tantos cerebros como cabezas!". ¡Cielos! También él era un Viejo Proverbio y no me había dado cuenta. "Más que de las cabezas", dije, "¿no será culpa de los monederos? Ricos y pobres no pueden pensar las mismas cosas".
   Él lo pensó un momento y finalmente dijo:
Tantos cerebros como monederos! ¡Pero éste es un proverbio nuevo!".
   El Viejo Proverbio se horrorizó de tanta audacia, y del horror le vinieron paperas.


¿Por qué el agua es incolora?

El agua deja pasar los rayos de la luz sin absorberlos: por eso no tiene color propio.
"Soy apolítica", dice el agua; "no soy ni roja ni negra".
   Luego se descubre que basta un sobrecito de brillantina para volverla amarilla, verde, marrón; del color que quieras. Es un personaje sin carácter: usala para lavarte, pero retirale el saludo.

10 de septiembre de 2012

Cholulectura


La primera vez que leí a Fabio Morábito fue de unas fotocopias, o tal vez no exactamente, pero tengo la sensación de que eran cosas sueltas -- algo online, puede ser. Me pareció que me hablaba sólo a mí y yo ni sabía bien quién era; lo encontré por casualidad. Entonces procedí a poner varias líneas de un poema suyo en uno mío; entre comillas me pareció suficiente, se ve, porque no aclaré en ningún lado a quién citaba.
Más tarde supe y leí más de Morábito y además maduré un poco y me di cuenta del casi-afano que había cometido. Conseguí su mail y confesé, y le pedí disculpas, y cuando el poema volvió a publicarse, en una antología, tuve la decencia de agregarle un asterisco y explicar a quién pertenecían esos versos entrecomillados.  
Después lo conocí en persona y otra vez con las disculpas. Creo que lo harté.
El domingo que viene comparto con él mesa de lectura. Imagínense.
También con Samira Negrouche, a quien no conozco pero tengo muchas ganas de conocer. A ella no le robé nada, pero ya se presentará la ocasión.
No sé si leer el poema con los versos entrecomillados; es viejito. ¿Como una gracia, tal vez? O como un "gracias".
Seguro voy a leer otra apropiación: algunas traducciones de James Schuyler, ya que  pronto va a salir el libro por Gog y Magog. 

28 de agosto de 2012

Para ustedes, chicos


El hombre en el espacio

No tienen más que escuchar cómo un hombre
le habla en la mesa, con más gente, a su mujer
el empeño que pone en defender su idea
aun cuando a ella empieza a temblarle la boca

para saber por qué las mujeres en la ciencia
ficción, con un planeta sólo de ellas
no aparecen haciendo una ensalada o leyendo una revista
cuando llegan los hombres de la Tierra en sus cohetes,

por qué siempre están de pie en un semicírculo
con los brazos cruzados, las piernas desnudas separadas,
los pechos protegidos por duros discos de metal.

Billy Collins

13 de agosto de 2012

Y pilón de preguntas


Después en La Feltrinelli me compré este libro de mi querido y admirado Gianni Rodari. Bueno, me/les lo (les + lo = se lo) compré a los chicos pero para que lo lean tendrá que pasar por el tamiz de mi traducción, así que me lo compré también a mí. Bueno: me lo compré para mí.
En El libro de los por qué Rodari les responde a un montón de chicos que le han escrito con preguntas como "¿Por qué nacemos?", "¿Por qué yo soy yo?" o "¿Por qué las herraduras traen buena suerte?". La mayoría de las respuestas, aunque no todas, consisten en una explicación en prosa y una coda en verso. Y un dibujo (de Giulia Orecchia).
He aquí mi primer pequeño ejercicio de traducción:



¿Por qué papá me promete tantos juguetes si tiene poca plata?

Hay que ser buenos con los papás que tienen poca plata. No pueden regalar tantos juguetes pero pueden regalar una promesa, y lo hacen de todo corazón. Así que yo digo que hay agradecerles igual, y quererlos mucho, y desearles que ganen la lotería. Además, hay que recordar que este sistema de los juguetes funciona muy mal. A mí me parece que habría que reformarlo con una ley del Parlamento.

Son lindas las vidrieras
de las jugueterías;
florecen todo el año
de regalos y velas
como árbol de Navidad.
Pero los vidrios, me pregunto,
¿para qué los ponen?
¡Así no se puede agarrar nada!
El vidrio, dicen, es transparente,
pero para mi mano es duro
como un muro.
Si quieren que los chicos
se diviertan de veras
¡háganlas sin vidrio, las vidrieras!

9 de agosto de 2012

Pilón de fotos



En Londres me compré este libro de Billy Collins y durante varias noches me dormí después de leer un mismo poema, que no es éste sino otro que no se dejó traducir tan así nomás y velozmente como éste, que también me gusta aunque no tanto como el otro pero que por otra parte me viene muy al caso aquí y ahora. El otro se llama Driving with Animals y espero traducirlo un día con más tiempo. Éste, como digo, lo traduje tomándome licencias varias, aunque, me parece y espero, sin serle para nada infiel.





Tierras extrañas

Ahora las fotos del viaje del verano
se desparraman por la mesa como si fueran espejitos
que reflejan nuestro lugar en la historia europea.

Son el botín del viaje, con marco y coloridas,
fracciones de segundos que después de la cena
vamos pasando a los amigos para hacerles creer
que encontramos dulzura, en algún lugar, lejos.

Ahí estamos, la mirada familiar en lo extranjero,
detenidos frente a una puerta cisterciense,
o reclinados, oblicuos, contra un kiosco;
congelados detrás de un Della Robbia
azul y blanco, o ante la mesa de un café
tapizada de libros de referencia,
oscurecidos en la sombra subexpuesta de un toldo.

El mozo al fondo, con bigote y delantal,
les lleva a otros sus bebidas aun ahora
mientras miramos el pilón una vez más
notando que intentábamos quedarnos
quietos como pinturas hasta ser liberados
por el crujido del obturador

para seguir, desenfocados, sin fotografiar,
por una calle con canteros y motos,
dos borrones en la luz menguante de la tarde,
las cámaras en sus estuches negros,
balanceándose, ciegas, a nuestros costados. 

27 de abril de 2012

Imblancamente blanco: el rey de los dos puntos

Con Miguel Petrecca estamos armando el libro bilingüe de James Schuyler para Gog y Magog. Este poema de acá abajo me parece... no sé, ¿perfecto? No creo, Jimmy no suele ir para ese lado. Es el poema perfecto para un día de lluvia. O es el poema que más perfectamente logró acorralar con palabras ese tipo de luz. O de los que yo leí. O no sé, no sé. Lo copio.
Ah -- el libro va a tener fotitos y una entrevista.


La luz adentro


y la luz afuera: la opacidad
de una lluviosa mañana de abril:
sombras sutiles
que proyecta la lámpara
sobre la luz del día,
una luz no forzada
la esencia
de la nubosidad
que baja brumosa hasta la calle:
y el marco
imblancamente blanco de una foto enrollada
se modela
como la luz del norte
modeló la cara en esa foto:

y contra una ventana
un árbol muestra
cada hoja levemente coloreada
de otro tono sombrío, algunas
transparentes, otras
no: y en la punta
la oscuridad partida
por la luz que cae
desde afuera (creada
por su ausencia)
yace luminosa dentro de sí misma:
la luminosa oscuridad interna.


15 de marzo de 2012

Chéjov para todos y todas





Acaba de salir este hermoso libro de Tres en línea, pensado para lectores de todas las edades.
Es un cuento de Chéjov sobre una perrita que me parece que era igual a mi perra Lenka. Yo me la imagino igual. Y Lenka también tenía nombre ruso.
Eleonora Arroyo lo ilustró y yo lo traduje del inglés, ya que el ruso me resulta un poco confuso.  























Tiene esta cosa encantadora de los libros de mi infancia: debajo de la ilustración, se repite la línea del texto a la que alude el dibujo.

6 de marzo de 2012

Otro anuncio







El libro del precursor de twitter que traduje hace unos meses ya salió y está muy bueno. Y muy lindo, además. Me lo estoy leyendo otra vez y creo que lo disfruto más que cuando lo traduje. Bueno, si podemos hablar de disfrute en una temática tan lúgubre. Me sobresalta un poco la rareza sintáctica de mi propia pluma, y tengo que obligarme a recordar que no es tan tan mi pluma y que intenta seguir de cerca esa manera rara de construir que usó Markson para sus fragmentos.
No se ve bien en la foto; es de La Bestia Equilátera.

7 de enero de 2012

Lo del ruidito del teclado me llevó a este poema

De James Schuyler que traduje y será parte de un libro con poemas suyos.

"Desde el cuarto..."

Desde el cuarto de al lado
el amigable golpeteo
de una máquina de escribir eléctrica. 
Zumban moscas en el vidrio
de la ventana. Es la época
en que mueren. La casa
está pintada de gris. Los campos
se empelusan de
algodoncillo. Junto al
estanque, un castor roe
un árbol. Esos dientes, tan
filosos. El camino serpentea
colina abajo hasta llegar acá
después se aleja serpenteando.
El bosque está marrón.
El cielo es gris. Qué
silencio increíble en
esta colina rodea
el amigable golpeteo,
el zumbido de la muerte.

1 de diciembre de 2011

Otras dos que me gustan

De David Markson:

"La definición de escritor de Thomas Mann. Alguien para quien escribir es más difícil que para otra gente".


"Un oficial de la Wehrmacht en el estudio de Picasso durante la ocupación de París, en referencia a una foto del Guernica: ¿Usted hizo esto?
A lo cual Picasso: No, lo hizo usted."


17 de noviembre de 2011

Me encanta el título


que le puso la Bestia Equilátera al libro de Michael Holroyd que traduje hace unos meses. Un buen epígrafe podría haber sido (aunque en contexto no tiene nada que ver) la primera oración de Jardín junto al mar de Mercé Rododera:


"A mí siempre me ha gustado saber las cosas que le ocurren a la gente, y no es que sea metomentodo..."

Le encanta a Holroyd saber las cosas que le pasan a la gente, sí que es un metomentodo -- bueno, un metesentodo (¿acento?) -- y encima le sale bárbaro escribirlo. 


Este libro tiene muchos artículos (seleccionados, cuándo no, por Matías Serra Bradford): en algunos se escriben vidas, en otros se escribe sobre cómo se escribió cierta vida y en otros, más teóricos, se escribe sobre escribir vidas en general: cómo, para qué, es bueno o malo, mejor que, peor que. Y es un libro que te hace desear: desear leer a todos esos escritores de los que se cuentan cosas, y de cuyas novelas se comentan partes que, al menos en palabras de Holroyd, te hacen pensar que fueron escritas para vos, y cómo que todavía no las descubriste, y si sí las conocías, cómo que no las volviste a leer en los últimos años.


Y además, ¿no está buena la tapa?

28 de octubre de 2011

Apareció la aparición

Me dio miedito cuando lo traducía y me lo vuelve a dar ahora al releerlo. De este libro de Robert Aickman que acaba de publicar Edhasa yo sólo traduje un cuento, que es justamente el que da título al libro. Los otros 8 los tradujo Agustín Pico Estrada, y el prólogo y la selección los hizo Matías Serra Bradford, experto avistador de rarae aves literarias.
Para mí está buenísimo. No es sólo que Aickman escriba "de miedo": es la extrañeza formal, me parece, lo que remueve la tierra y fertiliza ese suelo de inquietud sobre el que se apoyan sus relatos.
Copio un parrafito que para mí está entre las cumbres de "mi" cuento, y que no es demasiado "spoiler":


"Día tras día, noche tras noche, me quedaba tendido durante horas en la gran cama de mi madre, con la cabeza entre sus pechos y la lengua suavemente extendida, como en la primera infancia. El cuarto estaba perfumado, la cama estaba perfumada, su camisón estaba perfumado, ella estaba perfumada. Para un niño, esto delineaba la idea de Paraíso. ¿Quién quiere cualquier otro? El cuerpo de mi madre, además de ser tan moreno, era más suave, en toda su extensión, que el de ninguna otra persona, y más dulce que lo físico y efímero, diferente y totalmente superior. Su cabello oscuro y abundante, con perfume propio, caía sobre mí, como en Oriente".

10 de agosto de 2011

De qué color fue tu primer pensamiento de hoy

Qué lindo, acercándome otra vez a Jimmy Schuyler, trabajando en un libro sólo con poemas suyos. Joubert fue un ensayista francés del siglo XVIII; andá a saber qué experimento mental trataba de hacer, que ahora Schuyler remeda. Pensar en nada, imagino, parafraseando a León Gieco. Acá está Jimmy leyendo el poema original, con su voz salivosa, o su voz medicada tal vez, sí, probablemente es eso. Si escuchan y leen a la vez, se arma la retraducción simultánea. 

A diferencia de Joubert


De tarde, acostado en la cama,
pero no “en deshabillé rosa”
en pijama rojo y una bata amarilla
–pijama de franela y bata de toalla–
y por un momento, por un tris desprendido
del momento, triunfo donde Joubert
fracasa: no pensar nada; pero
pensándolo bien, fracaso, porque no fue
con intención, ni es muy seguro que
haya habido siquiera el recorte
de un tris entre el pensamiento y
el siguiente pensamiento, que no haya habido
pensamiento entre ellos. Lo único
claro en este día sin sombra bajo
un cielo como sombra es que el primer
pensamiento fue gris, un azul-gris
áspero y brillante, un trozo de pizarra
coloreado en exceso, y el segundo fue gris
como son algunas rosas, o el pelo que se ve
que alguna vez fue rojo, un gris con el encanto
y el calor de un cuarto íntimo aunque no
exageradamente acogedor, con carpintería
de Pajou, o como el tapizado viejo, o
tu primer biplano. Tan diferente como
el día de la noche, y tan igual,
así como su conjunción  –la nada que
puede no haber sido– también fue un gris,
más cremoso, más claro, de mirada furtiva
como el cielo o un botón grande y chato
recortado de una concha marina, la cáscara
pulida de una ostra, tal vez:
sutiles días de invierno en los que el pensamiento
se hunde en presencia de una ausencia. 

8 de mayo de 2011

Sin retorno

Acá en el blog puse un par de poemas de Charles Reznikoff que alguna vez traduje. Bah, más de un par. Ahora, en el número 8 de No Retornable, aparece gran parte de un poema largo, del que en el blog había puesto sólo éste. Pero más allá de este comienzo ególatra, No Retornable trae un montón de cosas buenas para leer y ver. Me encanta por ejemplo una sección que se llama "Bang bang", en la que varios artistas plásticos nos hablan de los secretos ultrasecretos, aunque seguramente nimios, que todos tenemos. Junto a mi Reznikoff hay otros poetas traducidos por poetas: Sanguinetti por Carla Bicoff y Román Luján, Oppen por Francisco Bittar y Gerardo Jorge y Claude Esteban por Julieta Lerman. Después hay un dossier muy ecléctico en torno a Barthes, un montón de cuentos de narradores cordobeses o pseudo-cordobeses, tres textos sobre cine (Sofía Coppola, Diego Lerman, los Coen), doce reseñas de libros (de los libros recientes, por ejemplo, de Martín Rodríguez y Osvaldo Aguirre), y dibujos de Octavio Garabello Borus y "comentarios o advertencias breves sobre teatro y otras artes". Bueno, che, hay de todo. Yo recién empiezo a sumergirme, pero quería ir avisándoles.

4 de mayo de 2011

Mmmnosé


"Esa mujer tenía todo lo que a los niños les disgusta y les da miedo. Las mujeres, cuando asustan, a los niños los asustan mucho más que cualquier hombre u hombres."

Robert Aickman

15 de abril de 2011

Primeros intentos

Soy sólo una estudiante de italiano; estoy en cuarto. Este poema de Sandro Penna siempre me encantó. Poder explicar ese silencio respirado que se arma bajo la luna, todas las cosas que pasan si la luna sube. Todas las cosas que se modifican. Que un silencio así tenga cadencia, que un silencio sea un canto que se va alunando, quedándose dormido. Y además ese momento raro, de intimidad y soledad al mismo tiempo, que es ver dormir al otro. Al amante, digamos, o al amado. Y estar uno lo contrario de dormido: estallando. De quietud y silencio. Puse las dos versiones: porque disfruto tipeando en italiano, y para que quien sepa me corrija. Grazie. (La luna de la foto es uruguaya, no italiana. Pero bueno.)





La luna de septiembre...

La luna de septiembre sobre el oscuro
valle adormece el canto de los campesinos.

Una cadencia insiste: casi lenta
respiración de animal, en el silencio,
zarpa el valle si la luna sube.

Otro respira aquí, dulce animal
también él silencioso. Pero un tumulto
de vida en mí repite antigua vida.

Más vivo que esto no estaré jamás.


La luna di settembre...

La luna di settembre su la buia
valle addormenta ai contadini il canto.

Una cadenza insiste: quasi lento
respiro di animale, nel silenzio,
salpa la valle se la luna sale.

Altro respira qui, dolce animale
anch'egli silenzioso. Ma un tumulto
di vita in me ripete antica vita.

Più vivo di così non sarò mai.


Sandro Penna


27 de marzo de 2011

Vení, mamita, que te traduzco toda

Psé, estoy un poco stalker con Lydia Davis. Pero también... fijate cómo escribe. Fijate lo que escribe. Levanten la mano los que nunca terminaron solos junto a la ventana del living a altas horas de la noche.

Distraída
El gato lloriquea en la ventana. Está queriendo entrar. Pensás que vivir con un gato y con los requerimientos de un gato te hace pensar en cosas simples, como la necesidad de un gato de entrar a la casa, y lo bueno que es eso. Pensás en esto y estás demasiado ocupada pensándolo como para dejar entrar al gato, así que te olvidás de dejarlo entrar, y sigue lloriqueando en la ventana. Ves que no dejaste entrar al gato, y pensás en lo raro que es que mientras pensabas en las necesidades del gato y lo bueno que es vivir con las necesidades básicas de un gato, no lo hacías entrar sino que seguías dejándolo lloriquear en la ventana. Después mientras pensás en esto y lo raro que es, dejás entrar al gato sin saber que lo estás dejando entrar. Ahora el gato se sube a la mesada y lloriquea porque tiene hambre. Ves que el gato tiene hambre pero no pensás en darle de comer porque estás pensando en lo raro que es que hayas dejado entrar al gato sin saberlo. Después ves que lloriquea de hambre y no le estás dando de comer, y mientras lo ves y pensás que es raro que no lo hayas oído lloriquear, le das comida al gato sin saber que se la estás dando.

Mano
Más allá de la mano que sostiene este libro que leo, veo otra mano que yace ociosa y ligeramente fuera de foco – mi mano extra.

Lo que siento
Últimamente trato de decirme que lo que siento no es muy importante. Ya lo leí en varios libros: lo que siento es importante pero no es el centro de todo. Tal vez lo entiendo, pero no me lo creo tan profundamente como para actuar en consecuencia. Me gustaría creérmelo más profundamente.
   Qué alivio podría llegar a ser. No tendría que pensar todo el tiempo en lo que siento, y tratar de controlarlo, con todas sus complicaciones y consecuencias. No tendría que tratar de sentirme mejor todo el tiempo. De hecho, si no creyera que lo que siento es tan importante, probablemente ni siquiera me sentiría tan mal, y no sería tan difícil sentirme mejor. No tendría que decir: Ay, qué mal me siento, éste es mi fin, aquí de noche en el living a oscuras, afuera la calle oscura bajo los faroles, estoy tan pero tan sola, todos los otros de la casa están dormidos, no hay consuelo en ningún lado, nadie más que yo, sola, acá abajo, nunca voy a poder calmarme como para dormir, nunca dormir, no voy a llegar hasta mañana, no voy a poder seguir, no puedo vivir, no llego ni al próximo minuto.
   Si me creyera que lo que siento no es el centro de todo sino sólo una de muchas cosas, no lo sería; sería sólo una de muchas cosas, a un costado, y yo sería capaz de ver y prestar atención a otras cosas igualmente importantes, y entonces me aliviaría un poco.
   Pero es curioso cómo uno puede ver que una idea es absolutamente cierta y correcta y aun así no creérsela tan profundamente como para actuar en consecuencia. Así que sigo comportándome como si mis sentimientos fueran el centro de todo, y esto sigue conduciéndome a terminar sola junto a la ventana del living a altas horas de la noche. Lo diferente, ahora, es que tengo esta idea: tengo la idea de que pronto ya no voy a creer que mis sentimientos son el centro de todo. Esto es un verdadero consuelo, porque si uno se empieza a desesperar, pero al mismo tiempo se dice que tal vez esa desesperación no sea tan importante, se deja de desesperar o bien se sigue desesperando pero al mismo tiempo empieza a darse cuenta de que también esa desesperación puede correrse a un costado, una entre muchas cosas.


(Ah, y encima anduve balbuceando sobre ella acá).