Mostrando entradas con la etiqueta cosas que traduje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cosas que traduje. Mostrar todas las entradas
8 de noviembre de 2014
6 de noviembre de 2014
Muestrita
En esta extraña inmovilidad o postración, como una voz grave y obstinada, se introducían mil pequeños accidentes: la picadura de insecto, la mano resbalándose sobre el
abrelatas, una pérdida de equilibrio en los tablones de la escalera,
erupciones, ollas caídas, objetos rotos o perdidos; una constante, absurda
comunicación susurrada desde el reino de la incidencia fortuita. Durante medio
día las canillas de la cocina se negaron a dar agua de cualquier tipo, después
gotearon un licor lento y oxidado aun cerradas; cuatro tejas se cayeron del
techo en una tarde de aire inmóvil; la mujer de Lyall se volvió súbitamente
alérgica al sol, y andaba por ahí desfigurada.
de M. John Harrison, Running Down.
Etiquetas:
cosas que traduje,
diario de traducción
22 de octubre de 2014
Otro comienzo
El minuto exacto en que se empieza a traducir un nuevo libro: intensidad de la voluntad y de la fe.
Pero miren qué buena cara me tocó: M. John Harrison.
Etiquetas:
cosas que traduje
27 de julio de 2014
Everybody Else Is Doing It, So Why Can't We?
Jugando con los dos clásicos de Guillermo Charles para que los trabajemos en el taller de los lunes.
Mi propia versión, tras tanto buscar versiones:
Mi propia versión, tras tanto buscar versiones:
This Is Just to Say Sólo
quería decirte
I have eaten que me comí
the plums
las ciruelas
that were in que estaban en
the icebox
la heladera
and which
y que
you were probably probablemente
saving
guardaras
for breakfast
para el desayuno.
Forgive me
Perdoname
they were delicious estaban
deliciosas
so sweet tan dulces
and so cold
y tan frías
The
Red Wheelbarrow
La carretilla roja
so much depends tanto
depende
upon de
upon de
a red wheel
una carretilla
barrow roja
barrow roja
glazed with rain glaseada
con agua
water de lluvia
water de lluvia
beside the white junto a las gallinas
chickens. blancas.
chickens. blancas.
William Carlos Williams
Etiquetas:
cosas que traduje
7 de julio de 2014
Del italiano con amor
Hace casi dos años puse acá y acá, con ánimo juguetón, unos textitos de Gianni Rodari que había traducido. Porque me encanta Rodari y porque mis estudios de italiano me pareció que estaban lo bastante avanzados como para permitirme ese desvarío intelectual.
Y ahora miren qué: es justo un Rodari mi primera traducción del italiano publicada.
Atisbitos de justicia como para compensar un poco todo lo demás.
Y ahora miren qué: es justo un Rodari mi primera traducción del italiano publicada.
Atisbitos de justicia como para compensar un poco todo lo demás.
Etiquetas:
cosas que traduje
15 de mayo de 2014
Otro O'Hara y me calmo
Escultura heroica
Nos unimos a los animales
no cuando cogemos
o cagamos
no cuando cae la lágrima
sino cuando
mirando fijo hacia la luz
pensamos.
Etiquetas:
cosas que traduje
30 de abril de 2014
¿Quién no escribió como mínimo un poema sobre objetos?
Éste es de Frank O' Hara, y me gusta bastante. Lo traduje hace mucho y lo retraduje hoy.
Interior (con Jane)
El afán de los objetos por
ser lo que tememos hacer
no puede sino conmovernos ¿Es
esta voluntad de motivarnos
lo que rechazamos? Las
cosas más estúpidas, como
una lata de café, un arito
de 35 centavos, un mechón de pelo, ¿qué es
lo que nos hacen estas cosas?
Entramos al cuarto, las ventanas
están vacías, el sol débil
y resbaloso sobre el hielo Y nos
sale un sollozo, simplemente porque es
la más fría de las cosas que conocemos
Etiquetas:
cosas que traduje
25 de abril de 2014
De vez en cuando la vida
te deja participar de cosas muy lindas, y para mí una fue ésta: haber traducido este libro hermoso de Kyo Mclear e Isabelle Arsenault, editado por Natalia Méndez y Verónica Chamorro para La Bestia Equilátera.
El libro es increíble, y esos tres links que puse también.
Etiquetas:
cosas que traduje
8 de febrero de 2014
Traducido al pasar
¿Es triste este poema o yo estoy triste? Capaz las dos cosas. Frank O' Hara, de Lunch Poems, fotografiado unos posts más abajo.
Poema
Café instantáneo con crema levemente ácida
agregada, y un llamado telefónico
al más allá, que no parece estar más cerca.
"Ay, papi, quiero estar borracho muchos días"
en el poema de un amigo nuevo
mi vida precariamente sostenida en la visión
de las manos de otros, sus y mis imposibilidades.
¿Esto es amor, ahora que el primer amor
finalmente murió, donde no había imposibilidades?
Etiquetas:
cosas que traduje
6 de diciembre de 2013
Tres que traduje de mi nueva favorita
Te quiero
mucho a vos
y a tu pelo
corto
a tus
cordones sueltos
y a tus
medias caídas
a cómo sos
si te reís
y a cuando
ponés la trompa
en las
rodillas huesudas
y a tus
ojos serios
a cómo
movés las manos
y a cómo te
viene el sueño
a cómo me
saludás
y a cómo corrés
en la plaza
cuando con
nosotros está el viento
y el cielo
sobre las casas
es como
una capa
violeta
Lagartija,
dale, te arranco la cola
¡si total
sabés que te vuelve a crecer!
¿Y vos qué tenés que te vuelva a crecer?
Nada. Nada,
¡yo no tengo cosas así!
Y entonces cómo hacés, sin cola cómo hacés
para aprender a seguir viviendo
aunque te falte algo
y esperar el tiempo necesario
para que lo que te falta no te falte
más. Sin cola ¿cómo hacés? ¡Casi
casi te la presto!
Ahora que
sé leer
las
palabras escritas
le leo a mi
hermano
las
historias que no sabe
Basta, no tengo ganas
le dije
anoche
¡arreglátelas solo!
y él que no
sabe leer
con el
libro en las piernas
me leyó
serio serio
una
historia que no está
Una
historia que volaba
tan arriba
de las piernas
que las
palabras escritas
nunca la
atraparán
De E sulle case il cielo, Giusi Quarenghi y Chiara Carrer. Milán, Topipittori, 2007.
Etiquetas:
cosas que traduje
18 de septiembre de 2013
Mecánica de preparación de un fuego
Madonna santa, lean este párrafo de Spaesamento, la segunda novela del italiano Giorgio Vasta.
Lo traduje io.
“(...) el pánico natural que asedia la vida
de los cuaren-cincuentones que se han corrido de la vida regulada y regular de
las generaciones precedentes para concentrarse en el presente dándolo por
ilimitado, un lugar reversible y palíndromo, y que en un cierto punto han sido
arrinconados por una fisiología cada vez más angustiosa, no solamente los
brazos disueltos y las células acumuladas sino el primer disgregarse de todos
esos mecanismos hasta entonces silenciosamente implícitos que de pronto
empiezan a fallar y a agrumarse manifestándose periódicamente resentimientos
musculoesqueléticos, en particular en la región lumbosacra, y en puntadas y
espasmos e impiadosos reflujos esofágicos y en supuestas isquemias y en una
arritmia cardíaca que te para en seco y te perla la frente hasta que la alarma
se atenúa y se intenta volver de a poco a las acciones normales diciéndose –con
un gusto a cenizas en la boca– que no era nada, no era nada.
El
pánico de la mujer cosmética también es el mío, porque mío es el miedo
cotidiano al tiempo estéril, al cuerpo que se refriega contra sí mismo; los
órganos internos se refriegan, los huesos se refriegan, el cuerpo envejece y
envejecer es este refregarse continuo, esta mecánica de preparación de un
fuego, pero mi cuerpo es una piedra mojada, es ramitas que se quiebran, el
tiempo que pasa sin fricción, sin chispa”.
Etiquetas:
cosas que traduje
4 de septiembre de 2013
10 de julio de 2013
Fiebre, deseo, hipocondría, poesía
Otro cuentito de Sandro Penna que estuve traduciendo:
Desde hacía varios días tenía
un poco de fiebre. Estaba claro que se trataba de un síndrome tuberculoso. Sabía,
en suma, que debía morir. Pero igualmente tenía que cortarse el pelo y
afeitarse. Así es: había comprendido que ni el que sabe que va a morir puede
escapar de las cosas de todos. Los pensamientos en este estado de ánimo, sí,
son diferentes; pero se acaba por ir igualmente al peluquero. Todo se hace con
esa lenta angustia de fondo, pero sin duda lo más triste es darse cuenta de que
no hay más que hacer que lo de siempre.
Así entró a lo del barbero.
Barba y cabello. Inútil ya ahorrar una lira y afeitarse solo. Además había
presentido algún placer en entretenerse un rato largo allí. (Cuando no estaba
enfermo le parecía un suplicio).
El muchacho que había empezado
a hacer jueguitos con la tijera sobre su cabeza era vulgar en extremo. Rosado
casi rojo, cara ancha casi redonda, carnoso casi gordo. Lindo todavía, por
joven. El dueño, por lo demás, habría sido aun peor. Manchado de barba blanca y
negra, con olor a cigarro y a sudor, tal vez con manos húmedas y frías que le
habrían acariciado el rostro. Y sin embargo a él se le pagaba; a él se sometía
el muchacho.
En este punto de sus
observaciones, el enfermo vio entrar al local, raudo pero callado e
inadvertido, a un chico de unos doce o trece años. Nadie le prestó atención.
También es cierto que después de entrar se apoyó en la pared y se quedó mirando
el techo. El enfermo comprendió de inmediato que iba a quedarse allí gustosamente
un rato largo. Él, que debía morir, tenía permitido regalarle toda su atención
a un jovencito. Que parecía suspendido en esa atmósfera de cosméticos, ausente
o leve, con los ojos verdes que no miraban “verdaderamente” cómo caían al piso
los pelos del enfermo.
Tenía unos shorts de ninguna
forma y de ningún color. Los llevaba sujetos al cinturón tal vez con una
cuerda. Los botones seguro que no estaban. Tenía una camisa o remera de un
blanco incierto. En suma, un pobre atorrantito como tantos otros: pero el
enfermo se embelesaba con la expresión suspendida de aquel muchacho. Además la
boca parecía ni cerrada ni abierta. De tanto en tanto interrumpía aquel
encantamiento alguna orden del patrón: “toma la escoba; enciende el gas;
muchacho, cepillo”. Pero él obedecía como un ángel prisionero al traficante.
Sin orgullo, sin enojo, no humillado, así simplemente obedecía; después
rápidamente retomaba esa actitud que al enfermo le resultaba tan misteriosa. No
sonreía nunca; su cara estaba inmersa en un flujo uniforme de dulzura ligera. Probablemente
pensaba en sus amigos, en las piedras del río, en las muchas zambullidas en el
agua y el cálido sol de después. Y pensaba también en su mamá pobre, en su
padre muerto y en esa necesidad de ganar cinco liras por día. Pero estas cosas
no le eran feas o dolorosas. A él le eran ajenas. No así los compañeros, las
zambullidas en el río. Esto le era, en su interior, dulcemente cercano.
En un cierto momento el chico
recibió una breve pero seca reprimenda. El enfermo no entendió por qué. Habría
dado una propina por saberlo. Y dos por librar al muchachito de la reprimenda. Pero
el muchachito hizo algo para remediarlo; se levantó, se dirigió, veloz, a la
trastienda, le llevó alguna cosa al patrón y todo fue como siempre. Se apoyó
contra la pared y sus ojos verdes no se habían oscurecido, su boca pequeña y
leve no estaba –ni abierta ni cerrada– fruncida; las mejillas apuntando
dulcemente al cuello grácil y altivo.
¿Y qué eran para él las miradas
del pobre enfermo? Ah, las había notado desde un primer momento, pero era
imposible saber cómo las había recibido. Quién sabe si ese chico sería capaz de
reacciones sociales. Ruborizarse por timidez. Observar al cliente con viril
ironía a manera de defensa. Pero no. Él no podía estar presente. Tal vez lo
estuviera entre sus amigos, sobre las piedras del río. En su elemento natural,
tal vez. Pero habría sido una presencia idéntica, animal. Más lindo este
desconcierto dentro de la peluquería.
Cuando el enfermo tuvo que irse
esperó largo rato los cincuenta centavos de vuelto que el propietario no
lograba encontrar. Le fueron pedidos en préstamo al chico que, entregada la
moneda, la vio de inmediato volver a su propia mano. El traspaso lo maravilló
finalmente y, finalmente, el enfermo recibió una mirada que lo interrogó. Una
mirada luminosa y calma, como de lejos, sin “gracias” alguno ni humildad, una
mirada que entonces terminó por hacer naufragar dulcemente toda tentativa
psicológica del pobre enfermo.
Pero aquella misma tarde la fiebre
desapareció. Y se rió de sus aprensiones, de pronto tan funestas. Se dijo que
era un tonto, tanto que ya había revelado, temeroso, sus miedos. Pero al volver
a pasar por la peluquería al día siguiente, volviendo a ver a aquel chiquillo
como cualquier otro, sucio y elemental, comprendió que la fiebre puede, después
de todo, ser útil para hacer poesía.
Etiquetas:
cosas que traduje
1 de julio de 2013
Poema (porno) traducido a pedido
Un día Ale Méndez me tiró la onda de qué bueno si Laura tradujera este poema que me encanta. A mí también me gustó y además una vez que alguien me pide algo, si es alguien a quien quiero, ya el pedido queda registrado en cerebrito y alguna vez, más tarde que temprano en este caso, lo complazco.
Así que va este poema ultrasensual de Edwin Morgan, el escocés de la foto acá a la izquierda (¿habían pensado que era Ale?).
Frutillas
Nunca hubo otras frutillas
como las que comimos
esa tarde agobiante
sentados en el escalón
de la ventana abierta
uno frente al otro
tus rodillas en las mías
platos azules en las faldas
las frutillas reluciendo
bajo la luz quemante
las metíamos en azúcar
y nos mirábamos
sin apurar el festín
para pasar al que vendría
los platos vacíos
juntos sobre la piedra
tenedores cruzados
y me incliné hacia vos
dulce en el aire aquél
sin resistencia entre mis brazos
de tu boca deseosa
el sabor de las frutillas
en mi memoria
me recliné otra vez
que pueda amarte
que pegue el sol
sobre nuestro abandono
una hora de todas
el calor intenso
relámpagos de verano
en las colinas de Kilpatrick
que la tormenta lave los platos.
Etiquetas:
cosas que traduje
22 de mayo de 2013
Fantasías rimadas de ayer y hoy
¿Ya hablé acá de Hilaire Belloc, catolicón
ultrarrecalcitrante de fina estampa? Ah, no, fue en Twitter. Como sea, estuve jugueteando
con un libro suyo que por lo que sé nunca le hizo visita alguna al castellano.
Se llama Cautionary Tales for Children y corre al lado de Edward Lear, o al
menos por esos caminos. Son todos poemitas de advertencia fiera; poemas de
sinsentido. Traducirlos, me parece, es en gran medida reescribirlos. A mí me
divierte pero nunca encuentro tiempo. Pongo uno: original y copia trucha.
Franklin Hyde,
Who caroused in the Dirt and was corrected by His Uncle.
His Uncle
came on Franklin Hyde
Carousing in the Dirt.
He Shook him hard from Side to Side
And Hit him till it Hurt,
Carousing in the Dirt.
He Shook him hard from Side to Side
And Hit him till it Hurt,
Exclaiming, with a Final Thud,
"Take that! Abandoned Boy!
For playing with Disgusting Mud
As though it were a Toy!"
Moral
From
Franklin Hyde’s adventure, learn
To pass your Leisure Time
In Cleanly Merriment, and turn
From Mud and Ooze and Slime
And every form of Nastiness—
But, on the other Hand,
Children in ordinary Dress
May always play with Sand.
To pass your Leisure Time
In Cleanly Merriment, and turn
From Mud and Ooze and Slime
And every form of Nastiness—
But, on the other Hand,
Children in ordinary Dress
May always play with Sand.
Luis
Pascual,
el que parrandeó en el barro y fue reprendido por su
tío.
Su tío encontró a Luis
Pascual
de parranda en el
barro.
Le dio un zarandeo
brutal
y le pegó a lo
guarro.
Exclamó, con la
última tunda:
“¡Ahí tienes, niño
meterete!
¡Por jugar con esta
tierra inmunda
cual si fuera un
juguete!”.
Moraleja
Aprende, pues, de
esta aventura
a divertirte con
aseados modos
y a alejarte, por
senda segura,
de la mugre, del
barro y del lodo
o cualquier otro
hediondo betún.
Sin embargo, una noticia
buena:
que los niños en
ropa común
siempre pueden
jugar con arena.
Etiquetas:
cosas que traduje
20 de mayo de 2013
Espiando el Markson nuevo
En Pisa, cuando lo dejaban salir de su
jaula militar para hacer ejercicio, a veces Ezra Pound balanceaba un palo de
escoba como si fuera un bate de béisbol.
¿Quién finges que está lanzando, tío Ez?
¿Acaso
no puede ver a Dizzy Dean, soldado?
David Markson, "Esto no es una novela".
Próximamente por La Bestia Equilátera.
Etiquetas:
cosas que traduje
10 de abril de 2013
Trailer escrito
del nuevo Markson:

(...)
Antes de que los normandos trajeran despair, la palabra anglosajona era wanhope.
(...)
La
vida consiste en lo que una persona se pasa el día pensando, dijo Emerson.
(...)
El pequeño Marcel, solían llamar a Proust.
Toda su vida.
(...)
(...)
Anni
68 Cenzza Ochiali, firmó Canaletto un dibujo en
1766.
A los sesenta y ocho años, sin anteojos.
Bueno, no puedo develar más. Estaría buena una versión pero con los dimes y diretes de los artistas del veinte y ventiuno.

Albert Camus, en la única ocasión en que estuvo con William Faulkner:
El
tipo no me dijo ni tres palabras.
(...)
Con insistencia, Brahms usaba los
pantalones demasiado cortos.
A
veces incluso les metía tijera a las botamangas.
(...)
Fue cuando siendo aprendices hacían reproducciones de los frescos de Masaccio
en la Santa María del Carmine que Miguel Ángel criticó a Pietro Torrigiano como
dibujante:
Hueso y cartílago cayeron como galleta, le diría más tarde Torrigiano a
Benvenuto Cellini.
Respecto de la nariz de Miguel Ángel.
(...)
Richard Strauss: ¿Por qué tienes que escribir así? Tienes talento.
Paul Hindemith: Herr Professor, usted hace su música y yo hago la mía.
(...)
Roberto de Nápoles: Giotto, si fuera usted,
con este calor dejaría de pintar por un rato.
Giotto: También yo, definitivamente –si fuera usted.
(...)
Hay una sola persona con derecho a
criticarme, ¿entienden? Y es Picasso.
Dijo Matisse ya entrado en años.
Filipo de Macedonia: Si llego a
Lacedemonia, no dejaré piedra sobre piedra.
Los espartanos: Si.
Los espartanos: Si.
(...)
A los sesenta y ocho años, sin anteojos.
Etiquetas:
cosas que traduje
18 de marzo de 2013
Volvió Markson y me lleva de paseo
Cuando traducía La soledad del lector de David Markson, que publicó La Bestia Equilátera, cada día de trabajo era distinto. Porque la novela está compuesta de fragmentos que disparan y se disparan en todas direcciones, y una traducción íntima y responsable, me parece, pide que una corra un poquito, aunque se agite, detrás de cada uno de esos disparos. Así es que conocí nombres, obras y situaciones y revisité otros/as que ya conocía.
Bueno, la cosa es que ahora estoy traduciendo This is not a novel, también de Markson y también para La Bestia y también estructurada sobre este collage --o assemblage, como dice Markson-- de párrafos. Y hoy el paseo me llevó a reencontrarme con este cuadro de Turner que me encanta: Lluvia, vapor y velocidad. Imaginad: hay tren y lluvia, falta el café y caigo de rodillas.
Escribe Markson sobre el cuadro:
Bueno, la cosa es que ahora estoy traduciendo This is not a novel, también de Markson y también para La Bestia y también estructurada sobre este collage --o assemblage, como dice Markson-- de párrafos. Y hoy el paseo me llevó a reencontrarme con este cuadro de Turner que me encanta: Lluvia, vapor y velocidad. Imaginad: hay tren y lluvia, falta el café y caigo de rodillas.
Escribe Markson sobre el cuadro:
Una mujer llamada Mrs. Simon:
Que vio a un anciano en un tren sacar la cabeza por la ventanilla durante una
implacable tormenta de noviembre y dejarla allí fuera diez minutos completos.
Y
un año más tarde en la Royal Academy se topó con Lluvia, vapor y velocidad de Turner en exhibición.
Obviamente no pude detenerme (después me preguntan por qué tardo tanto en traducir un libro) y busqué la referencia de esta historia: parece que esta tal señora Simon había visto a Turner, un tiempo antes, en el tren, durante bestial tormenta eléctrica, saltando como loco ante el espectáculo, abriendo la ventanilla e instándola (a ella, a Simon; se ve que Turner hablaba con cualquiera como yo) a acercarse para ver el espectáculo.
La historia la leí en este ensayo de Jean Robert sobre el cuadro. No sé si será cierta pero, como se suele decir, se non è vera e ben trovata.
Etiquetas:
cosas que traduje,
qué sé yo
11 de febrero de 2013
Sandro apunta
Sigo ejercitándome con el italiano (¿ya dije que me produce una intensa felicidad sensorial? Gustativa, casi.)
Vuelvo con Sandro Penna, pero esta vez son unos textitos autobiográficos publicados en un libro que se llama Un po' di febbre. El cuento que da título al libro me encanta, y es mi próximo objetivo. En verdad este libro ya está traducido al castellano (Algo de fiebre, Pre-textos) por un poeta español, Luis Antonio de Villena, sobre el que me estuvo contando un poco mi nuevo amigo vía Twitter Fabricio Tocco (@chiquidebachin). No pude acceder a la traducción de Villena, pero sí conté con la colaboración de Fabricio y de mi súper-profesora de italiano, Claudia Delpino, para sobrellevar una frase particularmente peliaguda.
Bueno; tanta aclaración para pasar a transcribir dos parrafitos miserables, dirán ustedes. Y la razón que tienen. Me callo.
Apunte triste
Conversación con el muchacho
que dice tener diecisiete años. Tiene el aspecto de un chico de catorce, y
además... ese otro aspecto – se me revela tras las primeras palabras. Pero él
no sabe nada por ahora. No sabe que no alcanza el hecho de haber tenido una aventura, que me cuenta, para salvarlo.
Sin embargo siento en él la resistencia más fuerte; como si fuera a atacarlo.
Vuelvo a mirar a los otros muchachos: su masculinidad sólida y natural, que
cede generosamente. Él, que es ya la planta que veo, y no otra, y que crecerá
como yo sé y de ninguna otra manera, él en cambio ahora se aferra a su sexo
verdaderamente como el náufrago a la roca. Pero no sabe nada.
Apunte
Está frío y nublado. Entro en
una lechería; enseguida un muchacho calienta la leche para mí. En la caja la dueña
lee absorta. Se está en silencio, incluso si el muchacho va y viene por el
local. Después entra un hombre y habla, hablará siempre. De su pan, de la leche
que quiere en abundancia, del cansancio, de su edad. Y no sólo de él. “Estás
bien acá, calentito. Si todavía anduvieras con las ovejas, allá arriba, entre
la nieve... Pero ahora, en invierno, ya no estarías en la montaña”.
“Pastorcito”, me digo del muchacho, y lo miro. Miro si se ofendió. Pero él se
acerca al vidrio largo y vacío de la puerta, abre la guía telefónica y la
hojea, lentamente.
El peón calla, veo su pan
amarillo deshecho, el pelo gris, la piel curtida por el viento. También él me
da la espalda. Y vuelvo a quedar solo con la cajera, que no existe, doblada
sobre la lectura. El muchacho pasa lento las páginas frente al vidrio de la
puerta. En la calle empieza a nevar.
Etiquetas:
cosas que traduje
6 de febrero de 2013
Rápida y furiosa
Siri Hustvedt que no es particularmente mi taza de té cita en su novela The Summer Without Men este haiku de Ron Padgett. Ron Padgett era amigo de Joe Brainard que es el de I Remember (libro que alguna vez pensé en traducir y al final no) y los dos fueron amigos de mi amigo James Schuyler. Fueron medio la segunda generación de ese grupo que se llamó la escuela de Nueva York.
El poema es como un hachazo, es puro efecto. Lo puse en Facebook con una posible traducción y varios se animaron a otras versiones. Van todas (espero que ninguno de los traductores se moleste por verse incluido. El que no quiera estar me dice y lo saco).
That Uy,
was fast. qué rápido.
I mean life. La vida, digo.
Ron Padgett (Mi versión)
qué fue eso? Pasó
ah, la vida. rápido, ¿no?
La vida.
(Alejandra Ventura)
(Martín Schifino)
ESO Eso
fue rápido. pasó rápido.
La vida, digo. Quiero decir: la vida.
(Verónica Pascual) (Jorge Ariel Madrazo)
Qué rápido ¡Guau! ¿Qué
ha sido. fue?
La vida, digo.
(Mark Dow)
(María Quevedo)
Che, Pasó
qué rápido a toda velocidad.
pasó la vida. La vida, digo.
(Ezequiel Zaidenwerg) (Liliana García Carril)
Faaa
pasó re rápida.
O sea, la vida.
(Cristian De Nápoli)
El poema es como un hachazo, es puro efecto. Lo puse en Facebook con una posible traducción y varios se animaron a otras versiones. Van todas (espero que ninguno de los traductores se moleste por verse incluido. El que no quiera estar me dice y lo saco).
That Uy,
was fast. qué rápido.
I mean life. La vida, digo.
Ron Padgett (Mi versión)
qué fue eso? Pasó
ah, la vida. rápido, ¿no?
La vida.
(Alejandra Ventura)
(Martín Schifino)
ESO Eso
fue rápido. pasó rápido.
La vida, digo. Quiero decir: la vida.
(Verónica Pascual) (Jorge Ariel Madrazo)
Qué rápido ¡Guau! ¿Qué
ha sido. fue?
La vida, digo.
(Mark Dow)
(María Quevedo)
Che, Pasó
qué rápido a toda velocidad.
pasó la vida. La vida, digo.
(Ezequiel Zaidenwerg) (Liliana García Carril)
Faaa
pasó re rápida.
O sea, la vida.
(Cristian De Nápoli)
Etiquetas:
cosas que traduje
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











