Voy en el tren, sentada del lado de la ventanilla. La señora que está a mi lado se levanta, y ocupa su lugar el chico que iba parado leyendo. De 19 o 20 años, y el libro está encuadernado en verde oscuro, como de biblioteca. Yo me había estado preguntando qué leería con esa concentración. Así que espío de inmediato: Suave es la noche. Me recorre una oleada de satisfacción. Creo que hasta abro la boca, quiero decírselo: oia, ésa es una de mis novelas favoritas de todos los tiempos. Aunque la leí hace tantos miles de años que no recuerdo de ella más que imágenes, escenas, olores, sensaciones físicas, lugares donde la leí. ¿Ves, me digo, que no hay más que esperar que el azar te regale estos raptos de contento? Un cielo celestísimo junto a la ventanilla, el tren que avanza a la altura de las copas de los árboles, el chico leyendo Tender is the Night. Me exalto: me gustaría contárselo a Fitzgerald.
Espío otro poco. A ver si recuerdo la parte por donde va... Y leo: "El hombre velludo de la botella le dirigió la palabra al salir del agua". Frunzo un poquito el ceño. Repito un par de veces --espero que mentalmente-- la frase mientras atravesamos copas de árboles. ¿No había otra opción de traducción, me pregunto, que el veSHudo de la boteSHa? Claro que el traductor debió ser español. El veiudo de la boteia molesta menos. Pero ¿y "peludo"? ¿No podía ser? ¿Remite demasiado exclusivamente al pelo de la cabeza?
Y así hasta llegar a Retiro y hacerme la última pregunta: ¿¿¿es posible que yo sea tan pero tan hinchapelotas???
Mostrando entradas con la etiqueta iba a hablar bien de algo y al final me calenté. Mostrar todas las entradas
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26 de junio de 2011
23 de septiembre de 2010
El hombre de al lado: diseñame ésta
Porque pienso: antes, se tenía una idea. La idea debía tener algún tipo de soporte. Y el soporte había que diseñarlo de alguna manera. Entonces se buscaba un diseñador. Ahora me parece que es al revés: la idea ES el soporte. Después, secundariamente, hay que pensar qué soporta ese soporte. Es decir, rellenarlo. Entonces aparece el jefe de contenidos.
¿Es cierto, como me parece a mí, que el contenido pasó de ser LA categoría que definía un proyecto a estar a la misma altura que el diseño para, gradualmente, ir descendiendo hacia las profundidades, dejando el diseño al mando de todo?
Esto pensaba mientras veía El hombre de al lado: que al personaje de Leonardo, ese diseñador exitoso y admirado, el diseño le absorbió las ideas. Claro que el diseño también puede tener contenido (no sé, teórico, estético, comunicacional, obviamente estoy improvisando), pero llevado a un extremo, acorralado como lo acorrala Leonardo, tal vez te sorbe los sesos, te seca las ideas y hasta la ideología. Es lo que parece pasarle a Leonardo cuando manotea asustado algún último recurso: "cómo voy a mandarle a la policía...". Pero hasta esa mínima intención se desvanece entre las paredes blancas, y él parece pensar: "necesito YA un jefe de contenidos para mi cerebro".
31 de agosto de 2010
Tranquilicemosnón, sentemosnón y hablemos
Cuando me pongo militantemente testaruda lanzo mi mantra pueril: una palabra vale más que mil imágenes. Muchas veces me harto y proclamo lo contrario: ya basta de palabra, tratemos de llegar por otro lado. Pero la verdad es: la palabra me tira, me tira a lo loco y debe ser por eso que después de años de andar esquivando series me encadené a ésta. Nos encadenamos, matrimonialmente hablando.
Porque en el otro extremo de los elencos multitudinarios, las ideas "ingeniosas", las imágenes amontonadas de choques y vidrios astillándose (perdón, esto es porque el otro día vi El origen, no me quiero ni acordar), In Treatment sienta a dos personas cara a cara y las pone a hablar. En principio lo digo más allá del psicoanálisis (son sesiones de psicoanálisis). Ver y escuchar a dos personas hablando, interesadas. Interesadas en hablar. Te llevan por sus laberintos. Paredones, falsas salidas, salidas. Bla, bla, bla, sí, pero cómo quiero que llegue la noche y me encuentre con un poquito de atención intacta para el doctor Weston y sus pacientes.
Y viene de Estados Unidos, ¿eh? Así tan despojadita. Ahora eso sí: la rehicieron sobre el original israelí Be-Tipul, de Hagai Levi, y la escribe y la dirige Rodrigo García, el hijo de García Márquez.
Igual a mí sí me gusta que en las películas haya movimiento, idea, acción a lo grande. A veces. En principio necesito que la acción esté justificada por un argumento sólido. Puede ser pelotudo, pero tiene que ser sólido; así me interesa quién gana y quién pierde. Y me gusta que la acción propiamente dicha pueda seguirse. Eso es fundamental. Que si un auto persigue a otro quede claro cómo progresa la persecución. Que si se cagan a trompadas se pueda ir siguiendo la secuencia de golpes. Y si se rompen vidrios en una bella coreografía de cristales, uno pueda saber qué vidrio se rompió y por qué, y para qué; y ahí sí, como se dice ahora, "disfrutar del espectáculo" del estallido caleidoscópico de cristalitos. Bueno, al final parece que sí me quiero acordar de El origen: dejame de joder. ¿Qué, Nolan tuvo una idea, armó un boceto en tres horas y después le dio fiaca desarrollar y filmó directamente sobre el boceto? ¿Pim, pam, pum, crash, etc.? ¿La noción de los subsueños y la implantación de ideas le pareció lo suficientemente buena como para no tener que explicar nada más, lo eximió de construir verdaderos personajes y de ponerse a trabajar en un guión en serio? ¿La idea misma se le habrá presentado, incluso, en sueños? ¿Como resto diurno, resto de un día en el que estuvo leyendo a Lem y a Dick?
No, ya sé que armar el guión le llevó un montón de años.
Perdón por el exabrupto. Mis opiniones sobre cine (creo que es obvio) son apasionadas pero absolutamente amateur(s).
Porque en el otro extremo de los elencos multitudinarios, las ideas "ingeniosas", las imágenes amontonadas de choques y vidrios astillándose (perdón, esto es porque el otro día vi El origen, no me quiero ni acordar), In Treatment sienta a dos personas cara a cara y las pone a hablar. En principio lo digo más allá del psicoanálisis (son sesiones de psicoanálisis). Ver y escuchar a dos personas hablando, interesadas. Interesadas en hablar. Te llevan por sus laberintos. Paredones, falsas salidas, salidas. Bla, bla, bla, sí, pero cómo quiero que llegue la noche y me encuentre con un poquito de atención intacta para el doctor Weston y sus pacientes.
Y viene de Estados Unidos, ¿eh? Así tan despojadita. Ahora eso sí: la rehicieron sobre el original israelí Be-Tipul, de Hagai Levi, y la escribe y la dirige Rodrigo García, el hijo de García Márquez.
Igual a mí sí me gusta que en las películas haya movimiento, idea, acción a lo grande. A veces. En principio necesito que la acción esté justificada por un argumento sólido. Puede ser pelotudo, pero tiene que ser sólido; así me interesa quién gana y quién pierde. Y me gusta que la acción propiamente dicha pueda seguirse. Eso es fundamental. Que si un auto persigue a otro quede claro cómo progresa la persecución. Que si se cagan a trompadas se pueda ir siguiendo la secuencia de golpes. Y si se rompen vidrios en una bella coreografía de cristales, uno pueda saber qué vidrio se rompió y por qué, y para qué; y ahí sí, como se dice ahora, "disfrutar del espectáculo" del estallido caleidoscópico de cristalitos. Bueno, al final parece que sí me quiero acordar de El origen: dejame de joder. ¿Qué, Nolan tuvo una idea, armó un boceto en tres horas y después le dio fiaca desarrollar y filmó directamente sobre el boceto? ¿Pim, pam, pum, crash, etc.? ¿La noción de los subsueños y la implantación de ideas le pareció lo suficientemente buena como para no tener que explicar nada más, lo eximió de construir verdaderos personajes y de ponerse a trabajar en un guión en serio? ¿La idea misma se le habrá presentado, incluso, en sueños? ¿Como resto diurno, resto de un día en el que estuvo leyendo a Lem y a Dick?
No, ya sé que armar el guión le llevó un montón de años.
Perdón por el exabrupto. Mis opiniones sobre cine (creo que es obvio) son apasionadas pero absolutamente amateur(s).
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