Acá copio el poema entero, para no mezquinar. Es de Víctor Gaviria. La primera vez que lo leí iba en un micro; volvía de Rosario, había sol de mediodía. Pero las campanadas ésas me sacaron del micro y me pusieron en esta otra escena nocturna. Sin duda fueron las campanadas. Y después todo ese sonido tan activo, preámbulo de la actividad muda del hombre misterioso. Tanta gracia y agilidad, enmudecidas.
Era muy tarde
Había pasado ya la temprana noche, luego
la medianoche,
y luego habían sonado algunos relojes en la calle,
una campana, dos campanas,
con diferencia de segundos,
primero en la ventana de reja, después
en el balcón del carbonero,
a mitad de la cuadra,
y el sonido atravesó el aire en penumbra
hasta la caligrafía en sombra de las hojas y los tallos delgados
en la blanca pared...
De pronto un hombre descalzo que había llegado de otras
calles,
cruzó sin hacer ruido la avenida
y entró bajo los arcos de los árboles,
silencioso y erguido,
con una desenvoltura en los brazos y las piernas
que lo hacía parecer otro hombre, el que va
a su casa por un camino de campo,
y nadie le sigue,
nadie mira su espalda.
Entonces se acuesta en la acera
bajo la sombra de una casa...
27 de diciembre de 2010
Maestros del ruido textual: ejemplo 3
Vengo lenta de ejemplos como vengo lenta de todo; si me apagan un poquito el horno tal vez espabilo.
La que sigue es sólo una oración, una oración que me fascina. Aunque no puedo calcular si así, sueltita, causará algún efecto (en todo caso, retomamos el sonido de los pájaros del poema de Morábito).
Es de Amos Oz en "Un descanso verdadero". La traducción es de Raquel García Lozano. Y dice...
"El agudo trino de un pájaro se oyó un instante entre las sombras del amanecer, y ese sonido se unió a la oscuridad y comenzó a disolverla".
La que sigue es sólo una oración, una oración que me fascina. Aunque no puedo calcular si así, sueltita, causará algún efecto (en todo caso, retomamos el sonido de los pájaros del poema de Morábito).
Es de Amos Oz en "Un descanso verdadero". La traducción es de Raquel García Lozano. Y dice...
"El agudo trino de un pájaro se oyó un instante entre las sombras del amanecer, y ese sonido se unió a la oscuridad y comenzó a disolverla".
Etiquetas:
cosas con palabras
20 de diciembre de 2010
Maestros del ruido textual: ejemplo 2
De Fabio Morábito. Otro auto que intenta arrancar junto con el día.
(Y ya que hablamos del sonido, es muy lindo escucharlo con su particular pronunciación y enunciación).
Oigo los coches
En la mañana oigo los coches
que no pueden
arrancar.
A lo mejor, entre los árboles,
hay pájaros así,
que tardan en lanzarse
al diario vuelo,
y algunos nunca lo consiguen.
Me alegro cuando un auto,
enfriado por la noche,
recuerda al fin la combustión
y prende sus circuitos.
Qué hermoso es el ruido
del motor,
la realidad vuelta a su cauce.
¿Cómo le harán los pájaros
para saber en qué momento,
si se echan a volar,
no corren ya peligro?
¿Qué nervio de su vuelo
les avisa
que son de nuevo libres
entre las frondas de los árboles?
(Y ya que hablamos del sonido, es muy lindo escucharlo con su particular pronunciación y enunciación).
Oigo los coches
En la mañana oigo los coches
que no pueden
arrancar.
A lo mejor, entre los árboles,
hay pájaros así,
que tardan en lanzarse
al diario vuelo,
y algunos nunca lo consiguen.
Me alegro cuando un auto,
enfriado por la noche,
recuerda al fin la combustión
y prende sus circuitos.
Qué hermoso es el ruido
del motor,
la realidad vuelta a su cauce.
¿Cómo le harán los pájaros
para saber en qué momento,
si se echan a volar,
no corren ya peligro?
¿Qué nervio de su vuelo
les avisa
que son de nuevo libres
entre las frondas de los árboles?
Etiquetas:
cosas con palabras
15 de diciembre de 2010
Maestros del ruido textual: ejemplo 1
(A pedido de María, mi fiel lectora desconocida).
Éste es Antonio Di Benedetto en "El silenciero" (justamente):
"De madrugada --el día no es más que una lechecita aguada en la ventana-- algo como el corazón se alborota en mi interior, mientras mi entendimiento, puesto en pie de alerta, discierne un ruido pegado al muro trasero de mi pieza.
La impresión de motor dura solamente unos minutos. Después van distinguiéndose, una a una, las operaciones de poner el pesado coche en movimiento, retroceder, avanzar de nuevo, volver atrás y por fin enfilar a la salida. En la distancia se borra sin esfuerzo, incorporado a la difusa acústica con que nace el día en las ciudades".
Éste es Antonio Di Benedetto en "El silenciero" (justamente):
"De madrugada --el día no es más que una lechecita aguada en la ventana-- algo como el corazón se alborota en mi interior, mientras mi entendimiento, puesto en pie de alerta, discierne un ruido pegado al muro trasero de mi pieza.
La impresión de motor dura solamente unos minutos. Después van distinguiéndose, una a una, las operaciones de poner el pesado coche en movimiento, retroceder, avanzar de nuevo, volver atrás y por fin enfilar a la salida. En la distancia se borra sin esfuerzo, incorporado a la difusa acústica con que nace el día en las ciudades".
Etiquetas:
cosas con palabras
10 de diciembre de 2010
¿Sabés lo que escuché?
Por la calle o desde la ventana o desde un árbol, un sonido. Que por alguna razón transforma el momento. Tratar de pasarlo a la escritura y ver si logra también transformar el momento escrito; si logra correrlo de dimensión, o redimensionarlo, como hizo --seguramente por muy poquito tiempo--, con el momento vivido. Cuando sale bien, está buenísimo. Para mí no es muy fácil. Por eso me voy armando mi galería de maestros del sonido textual, a ver si me enseñan cómo lo hicieron, aquella vez, en aquella línea.
Fabio Morábito, Amos Oz, Antonio Di Benedetto, Víctor Gaviria. Sonríen porque les sale bien.
Etiquetas:
cosas con palabras,
ídolos
2 de diciembre de 2010
A quien le quepa el sayo
"Sostener una posición es sostener una falsa posición".
(Patrick Hamilton, citado por Michael Holroyd en un artículo que estoy traduciendo).
Etiquetas:
diario de traducción,
qué sé yo
29 de noviembre de 2010
El caballerito que dio aquel mal paso
Éste es un libro que me divirtió traducir, cortito y ágil como deberían ser varias cosas, y fundamentalmente con humor, el ingrediente indispensable, según mi humilde ver, de todo. Sí, de todo, y me la banco. Y si no fíjense cómo terminó el caballero del título, cuya carencia de humor es pasmosa. El humor, che, no se le niega a nadie.
El caballero que cayó al mar, H.C. Lewis, Bestia Equilátera.
Acá abajo un fragmento: el barco culón dice adiós, y se marcha rumbo al horizonte.
(...) Pedaleando en el agua para permanecer a flote, Standish abrió los ojos y se encontró con la visión más aterradora que hubiera visto nunca; tan aterradora era que su mente se paralizó por un instante. No de miedo, sino de asombro. Eran las nalgas indecentemente grandes y desnudas del Arabella, contemplándolo ominosas con sus ojos de buey, mientras se alejaban en un océano de espuma. Standish nunca había imaginado que un barco, ni ninguna otra cosa, pudiera verse así. Gracias a sus viajes, conocía mucho sobre la forma de los barcos; podía darse cuenta si un barco era lindo o feo. En Honolulu, al ver el Arabella desde cierta distancia meciéndose en el muelle, lo admiró de inmediato. Era largo y no demasiado ancho, no tenía incongruencias de caños o chimeneas, estaba pintado de un gris modesto, el puente no sobresalía y la cubierta con pozo contribuía a una elegante terminación. El Arabella daba la impresión de combinar fuerza con delicadeza... en Honolulu. Podía haberse llamado “señorita” Arabella; una señorita pechugona y autosuficiente, pero señorita al fin.
Pero ahora Standish comprendía cuán errado había estado. Los ojos se le desorbitaron un poco en esos breves momentos en que se quedó observando, fascinado y horrorizado, la nauseabunda visión. Una vez, en el zoológico de Nueva York, había visto el trasero sin adornos de un mandril adulto, y por unos momentos había quedado fascinado. Luego su costado más fino, imponiéndose sobre el ordinario, le había indicado darse vuelta e ir a ver los elefantes. La popa del Arabella le recordó las nalgas de aquel mandril. La hélice, revolviendo el agua, hacía un ruido persistente que Standish nunca antes había oído. Desde la cubierta trasera, donde esos ojos de buey lo observaban solemne y misteriosamente, la popa se curvaba hacia dentro y descendía hacia el timón, casi proclamando, con esas líneas en repliegue, que eran aquellas sus partes privadas, de las que un hombre pudoroso debería desviar la mirada.
Etiquetas:
cosas que traduje
19 de noviembre de 2010
La arbitrariedad al palo
Cada vez que, traduciendo, me encuentro con una de esas mayúsculas que el inglés usa para nombrar idiomas, movimientos, períodos históricos, etc., siento cierto inexplicable, sutil placer al minusculizarla en su paso al castellano.
Como si me jactara de que MI idioma no se anda con esas boludeces ni se prosterna ante conceptos con ínfulas jerárquicas.
De estas sensaciones arbitrarias está hecha mi naturaleza.
Como si me jactara de que MI idioma no se anda con esas boludeces ni se prosterna ante conceptos con ínfulas jerárquicas.
De estas sensaciones arbitrarias está hecha mi naturaleza.
Etiquetas:
cosas con palabras,
diario de traducción
15 de noviembre de 2010
10 de noviembre de 2010
Lunedì + sera + pioggia + Peppe = festa!
Peppe Voltarelli, el lunes pasado en La Trastienda:
"Para la cultura italiana la cosa é así. Cuando conocés a alguien lo primero que querés saber es: 'Ma esta persona, ¿trabaja o non trabaja?'. Si trabaja, é una merda".
Ascoltate questo lavoratore della musica:
Etiquetas:
qué sé yo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


