28 de septiembre de 2011

Ma grazie a Dio...

Habemus Nannem*


*(suponiendo que "Nanni" sea de la tercera en -is; en fin). 

27 de septiembre de 2011

Seguro en el top 5

De peores películas que vi en mi vida. Fue hace dos meses. No era un buen día. Claro que no ayudó la versión bajada de Internet traducida con Google que nos ofreció el Savoy -- buen, Arteplex. La imagen borrosa hasta la adivinanza y los locos subtítulos lejos de toda convención lingüística.
Pero de todas formas, desde mi punto de vista, esta peli no tiene salvación. Despierta una violencia inusitada. A esos monjecitos que ven ahí uno los quiere ver acribillados, decorando la nieve con su sangre, cosa que ellos mismos temen todo el tiempo pero tarda tanto, tanto en suceder. No; en vez de reventar los monjes cargan leña, lavan los platos y a cada rato rompen en un cántico religioso que uno debe soportar entero, porque la elipsis no es una opción cuando de cantarle a Dios se trata.


De verdad, creí que me desintegraba de aburrimiento.


Ahora: lo curioso es que cada vez que comento esto aparece quien me dice: "A mí me encantó".
Y ahí, claro, es cuando empiezo a dudar de mí misma.

19 de septiembre de 2011

Un brillito biográfico: 109




Volvía del centro con el aire entrando por la ventanilla: pensaba un cuento entero y lo anotaba en cuanto llegaba a casa. De noche me tocaba el interno 25, decorado con lenguas rollingstone hechas de foquitos rojos, musicalizado con Happy a volumen festivo (hoy se llamaría irrespetuoso). Me acuerdo perfecto de la cara del chofer del interno 25.  

16 de septiembre de 2011

Cómo hacer cosas con la sombra


15 de septiembre de 2011

A veces se me desmorfologiza una palabra







                ¿Y? ¿Racimo' o no racimo'? ¡Vamo', che!

8 de septiembre de 2011

Para Wanda, recién aterrizada

 "¿Cómo sería cambiar
tan de repente como la luz del semáforo?"

                                      (James Schuyler)






Meter tu vida entera en un avión, flotar por encima del mar y de la tierra y volver a bajar y haber cambiado tanto.
Meter tu vida entera dentro de tu cuerpo, rodar, saltar y quedarte flotando en el cielo marrón, desarrollando músculos de todo tipo, y volver a bajar y haber cambiado.

(El cuadro se llama "Flotando" y es de Mariano Rodríguez Cevallos. Está expuesto ahora mismo en el salón donde hago yoga, que es en primer lugar galería de arte. No quiero que termine la muestra; ahora las clases de yoga son todavía mejores porque está "Flotando", al que mentalmente llamo "mi cuadrito". Supongo que tendría que comprarme el cuadro y ya. Y aprender de esa chica).


5 de septiembre de 2011

Qué me contursi

¿Sabía usted que el azafrán se obtiene de una flor llamada crocus sativus, o "flor de azafrán"? Yo me vengo a enterar hoy traduciendo un poema de James Schuyler, mi principal profesor de botánica. Que a cada rato me manda a googlear flores y plantas para saber de qué estamos hablando.




El azafrán se hace con esos cositos amarillos que están en el centro:


Es posible que sea de esas cosas que saben casi todos menos yo, pero bueno.


23 de agosto de 2011

12 de agosto de 2011

Memoria muscular


En mi primer "departamento de soltera" tenía un teléfono negro casi igual al de esta foto (que encontré mientras buscaba terminología telefónica precámbrica). Viví más de diez años con ese teléfono, que antes había sido el teléfono de mis abuelos. Y fue rara la sensación recién al ver la foto, porque pude sentir en el brazo izquierdo el peso exacto del auricular (¿receptor? ¿cómo se dice? eso buscaba) al levantarlo, y la resistencia del disco al hacerlo girar con el índice derecho. Era pesado el aparato, con una pesadez muy agradable. Ay, lo extraño. 854-1409.

10 de agosto de 2011

De qué color fue tu primer pensamiento de hoy

Qué lindo, acercándome otra vez a Jimmy Schuyler, trabajando en un libro sólo con poemas suyos. Joubert fue un ensayista francés del siglo XVIII; andá a saber qué experimento mental trataba de hacer, que ahora Schuyler remeda. Pensar en nada, imagino, parafraseando a León Gieco. Acá está Jimmy leyendo el poema original, con su voz salivosa, o su voz medicada tal vez, sí, probablemente es eso. Si escuchan y leen a la vez, se arma la retraducción simultánea. 

A diferencia de Joubert


De tarde, acostado en la cama,
pero no “en deshabillé rosa”
en pijama rojo y una bata amarilla
–pijama de franela y bata de toalla–
y por un momento, por un tris desprendido
del momento, triunfo donde Joubert
fracasa: no pensar nada; pero
pensándolo bien, fracaso, porque no fue
con intención, ni es muy seguro que
haya habido siquiera el recorte
de un tris entre el pensamiento y
el siguiente pensamiento, que no haya habido
pensamiento entre ellos. Lo único
claro en este día sin sombra bajo
un cielo como sombra es que el primer
pensamiento fue gris, un azul-gris
áspero y brillante, un trozo de pizarra
coloreado en exceso, y el segundo fue gris
como son algunas rosas, o el pelo que se ve
que alguna vez fue rojo, un gris con el encanto
y el calor de un cuarto íntimo aunque no
exageradamente acogedor, con carpintería
de Pajou, o como el tapizado viejo, o
tu primer biplano. Tan diferente como
el día de la noche, y tan igual,
así como su conjunción  –la nada que
puede no haber sido– también fue un gris,
más cremoso, más claro, de mirada furtiva
como el cielo o un botón grande y chato
recortado de una concha marina, la cáscara
pulida de una ostra, tal vez:
sutiles días de invierno en los que el pensamiento
se hunde en presencia de una ausencia.