5 de marzo de 2012

Yo me acuerdo

Del día que iba caminando por la calle, creo que era Pasteur, y vi en la pared un afiche que anunciaba el primer número de Diario de Poesía. Si no me equivoco, estaba Nabokov en la tapa. Me vino un gran entusiasmo; fui a buscarlo y me lo compré. Desde entonces, casi siempre. Y ahora el Diario cumple 25 años, con lo cual andá a saber cuántos tendré ya yo. Yayo. Bueno, más allá de eso, para mí es un gran honor que me hayan invitado a leer en su fiesta de cumpleaños. Es el jueves a las seis. Y tengo muchas ganas de escuchar a mis compañeros de mesa.



4 de marzo de 2012

Cosas que se sienten sólo los domingos


Cuando ME canta así, con esta vocecita que ME pone en "Memory Motel", me duele la sensación de que es alguien que existe, de quien estoy enamorada de verdad, con quien creo tener una enorme intimidad, y a quien nunca voy a conocer.

22 de febrero de 2012

Este verano reincidí con mi amigo el francés


Me gustó mucho esto:


"No hay que despreciar los juegos de palabras. Los peores son para los mejores amigos. Es el precio inefable de la intimidad".

Igual no sé; así sacado de contexto... Pero me llevó a todos esos felices momentos de risa casi imbécil y cómplice con ciertos amigos, con quienes nos unieron, sobre todo, los peores juegos de palabras. 


*El señor niño se llama Simón y es mi nieto guatemalteco.

15 de febrero de 2012

Dígalo... ¡pero dígalo cantando!






De qué rincón con telarañas de mi mente resurgió la entusiasta propuesta de Silvio Soldán, no sé. Yo lo que quería era contar que salió este libro de Ediciones del Dock, donde varios pensamos, desde muy diferentes estilos y puntos de vista, sobre el tema del título. Mi muy breve texto, Una locomotora llamada melopeia, bien podría resumirse en el nombre de la prenda dominical a la que alude el título de este post.

4 de febrero de 2012

Quiero expresarlo así

"Me gustaría pensar que los objetos inanimados están sometidos a un ritmo distinto porque no tienen capacidad de pensar.
De una de las ramas de la higuera del patio, por ejemplo, estuvo colgada durante muchos años una escudilla oxidada. Tal vez un inquilino que falleció hace tiempo la arrojase alguna vez por la ventana de la planta alta y al caer fuese atrapada por las ramas. Cuando vinimos a vivir aquí, la escudilla ya estaba cubierta de óxido al otro lado de la ventana de la cocina. Cuatro, cinco años. Ni siquiera los fuertes vientos del invierno conseguían tirarla al suelo. Y resulta que la mañana de Año Nuevo estaba junto al fregadero de la cocina y vi con mis propios ojos cómo la escudilla caía del árbol. El viento no soplaba, ningún gato ni pájaro sacudió las ramas. Tan sólo unas fuertes leyes desconocidas para mí maduraron en ese preciso instante. El metal se deshizo y el cacharro cayó al suelo. Quiero expresarlo así: durante todos esos años vi un absoluto reposo en algo agitado durante todo ese tiempo por una corriente interior oculta."

Amos Oz, en Mi querido Mijael.


(Traducción de Raquel García Lozano; agradézcanle a ella las escudillas y los fregaderos. No, pero traduce muy lindo Raquel. Me encantan sus traducciones de Amos Oz. Además, andá vos a traducir del hebreo...).

3 de febrero de 2012

Ahora estoy entre los tres millones, ta?






Porque el poeta y editor uruguayo Luis Pereira cumplió su amenaza y publicó nomás en su editorial Civiles Iletrados esta antología de poemas que escribí entre el 90 y pico y 2009.  Es el libro más largo que tengo publicado: 90 páginas.


Estoy muy contenta, bó, porque soy una entusiasta uruguayófila.


Y el libro quedó relindo.


¡Vamo' arriba!

16 de enero de 2012

Dulce no hacer nada


Yo al menos me doy cuenta de que empezaron las vacaciones cuando, con el viento raspándome los oídos, dejo que la vista suba flotando desde el libro y me pongo a pensar maneras precisas de nombrar, digamos, un sonido; por qué no existe algo como "thump" o "thud"; cómo incide en el ánimo ese ruido particular que hace una pelota de fútbol cuando es pateada en la arena, cerca del mar.

(Y leía a Claire Keegan, que encuentra maneras precisísimas).

7 de enero de 2012

Lo del ruidito del teclado me llevó a este poema

De James Schuyler que traduje y será parte de un libro con poemas suyos.

"Desde el cuarto..."

Desde el cuarto de al lado
el amigable golpeteo
de una máquina de escribir eléctrica. 
Zumban moscas en el vidrio
de la ventana. Es la época
en que mueren. La casa
está pintada de gris. Los campos
se empelusan de
algodoncillo. Junto al
estanque, un castor roe
un árbol. Esos dientes, tan
filosos. El camino serpentea
colina abajo hasta llegar acá
después se aleja serpenteando.
El bosque está marrón.
El cielo es gris. Qué
silencio increíble en
esta colina rodea
el amigable golpeteo,
el zumbido de la muerte.

5 de enero de 2012

Futurologando

A veces mis hijos me dicen cosas que en mi mente se traducen de inmediato a: "Cuando yo era chico/a...".


Por ejemplo hoy, Amelia: "Cuando me despierto me quedo muy callada tratando de ver si escucho el ruidito del teclado. Así sé si estás trabajando en tu escritorio o no".

4 de enero de 2012

La otra yo




Tengo un trabajo nuevo que logró extirparme de mi eterna silla frente a la computadora. Así aparezco en distintos lugares y distintas situaciones y por lo tanto ya no soy sólo la de la silla. Acá por ejemplo retratada por Patricia Parodi en el taller de Ernesto Pesce
Muy amablemente Patricia me regaló el retrato, ¡y ahora puedo verlo desde mi eterna silla!