6 de diciembre de 2013

Tres que traduje de mi nueva favorita



Te quiero mucho a vos
y a tu pelo corto
a tus cordones sueltos
y a tus medias caídas
a cómo sos si te reís
y a cuando ponés la trompa
en las rodillas huesudas
y a tus ojos serios
a cómo movés las manos
y a cómo te viene el sueño
a cómo me saludás
y a cómo corrés en la plaza
cuando con nosotros está el viento
y el cielo sobre las casas
es como una capa
violeta


Lagartija, dale, te arranco la cola
¡si total sabés que te vuelve a crecer!
¿Y vos qué tenés que te vuelva a crecer?
Nada. Nada, ¡yo no tengo cosas así!
Y entonces cómo hacés, sin cola cómo hacés
para aprender a seguir viviendo
aunque te falte algo
y esperar el tiempo necesario
para que lo que te falta no te falte
más. Sin cola ¿cómo hacés? ¡Casi             
casi te la presto!


Ahora que sé leer
las palabras escritas
le leo a mi hermano
las historias que no sabe
Basta, no tengo ganas
le dije anoche
¡arreglátelas solo!

y él que no sabe leer
con el libro en las piernas
me leyó serio serio
una historia que no está
Una historia que volaba
tan arriba de las piernas
que las palabras escritas
nunca la atraparán



De E sulle case il cielo, Giusi Quarenghi y Chiara Carrer. Milán, Topipittori, 2007.

4 de noviembre de 2013

Amos Oz: el día que fui groupie

Habrán visto que uso este espacio para permitirme excesos como hablar reiteradamente de alguien, ponerle "ídolo" como etiqueta y linkearlo con mis propias menciones de su nombre una y otra vez, en cadena. Bueno, dentro de esa modalidad suelo citar a Amos Oz -- ahí tienen, ya lo linkié. 
Resulta que este año Amos ganó el premio Franz Kafka y lo fue a recibir a Praga justo cuando yo llegaba. Así es que el 23 de octubre dio una lectura pública en la Franz Kafka Society (can't stop linking), que es una librería chiquita en la calle Sĭroká -- si preguntás a media cuadra mucha gente ni te sabe indicar;la atravesás, cruzás un patio y bajás unos escalones, hay una sala angosta, oscura, llena de libros.


Fui temprano y con ansias. Tuve el impulso de abrazarlo cuando llegó y me pasó por al lado sin que nadie notara que había llegado.
Después habló en inglés y se fue dejando trasladar al checo, leyó en hebreo una parte de Una historia de amor y oscuridad y del primer cuento de Escenas de la vida rural (que yo hipercanchera seguí desde mi edición en castellano) y contestó varias preguntas de las que sólo, claro, entendí la respuesta.

Dijo entre otras cosas que debajo de la oscuridad siempre hay humor y debajo del humor más oscuridad. Que su abuela le decía: cuando no te queden más lágrimas para llorar, empezá a reirte.
Dijo: si me piden que explique en una sola palabra sobre qué escribo, digo: familias. En dos palabras: familias infelices. En tres: lean mis libros.
Porque, agregó, las familias felices -- si es que existen, que lo duda (apenas puede creer que sigan existiendo las familias, "casi nadie es monógamo por naturaleza") -- no necesitan una historia.

Contó lo culpable que se sentía en el kibbutz por tener asignado un tiempo semanal para escribir -- y ni siquiera lograrlo -- mientras que los demás "trabajaban en serio". 
Y obviamente habló sobre Israel y Palestina, esos vecinos que "tienen que dividir la casa en dos departamentos más chicos y no intentar quererse, sino respetar pactos".

Al final se sentó pacientemente ante una larga fila a firmar libros. 

"Nice to see the Spanish edition", me dijo con una sonrisa, levantando la vista para hablarme. 
Yo le dije que tenía muy buenas traductoras al castellano. Y que estaba muy emocionada de verlo. Y le di una notita medio arrugada que le escribí mientras esperaba que llegara, aclarándole que yo nunca, pero nunca, me había comportado como semejante groupie.



1 de noviembre de 2013

Parte 2: cafés tomados (sólo algunos)


La experiencia, que se va volviendo tan excepcional


"Quiero vivir en la excepción", pensaba caminando en trance por Berlín, por Praga, ahora, hace unos días. ¿Me permiten tumblrearla un poco?

Berlín





(cuánta hoja)


(clásico)


(adquirí)


(estación de dresden)


Praga


(otro clásico)


 (mi ventanita)


(la calle que lograba llevarme a cualquier parte)





(tren)

(continuará).

1 de octubre de 2013

Cuando la carroza retroceda a calabaza

Más o menos a esa hora estaremos leyendo en Humbert Humbert. 


18 de septiembre de 2013

Mecánica de preparación de un fuego

Madonna santa, lean este párrafo de Spaesamento, la segunda novela del italiano Giorgio Vasta. 
Lo traduje io.


“(...) el pánico natural que asedia la vida de los cuaren-cincuentones que se han corrido de la vida regulada y regular de las generaciones precedentes para concentrarse en el presente dándolo por ilimitado, un lugar reversible y palíndromo, y que en un cierto punto han sido arrinconados por una fisiología cada vez más angustiosa, no solamente los brazos disueltos y las células acumuladas sino el primer disgregarse de todos esos mecanismos hasta entonces silenciosamente implícitos que de pronto empiezan a fallar y a agrumarse manifestándose periódicamente resentimientos musculoesqueléticos, en particular en la región lumbosacra, y en puntadas y espasmos e impiadosos reflujos esofágicos y en supuestas isquemias y en una arritmia cardíaca que te para en seco y te perla la frente hasta que la alarma se atenúa y se intenta volver de a poco a las acciones normales diciéndose –con un gusto a cenizas en la boca– que no era nada, no era nada.
   El pánico de la mujer cosmética también es el mío, porque mío es el miedo cotidiano al tiempo estéril, al cuerpo que se refriega contra sí mismo; los órganos internos se refriegan, los huesos se refriegan, el cuerpo envejece y envejecer es este refregarse continuo, esta mecánica de preparación de un fuego, pero mi cuerpo es una piedra mojada, es ramitas que se quiebran, el tiempo que pasa sin fricción, sin chispa”.

9 de septiembre de 2013

El perfecto programa para el sábado a la tarde


Especialmente para mí: no tengo que buscar con quién dejar a los chicos.

4 de septiembre de 2013

Miren lo que tengo


Esto convertido al castellano.

2 de septiembre de 2013

Manifiesto de la vieja chota


Lo que digo es que a pesar de la actual hipersociabilización de la poesía, yo para escribir o para leer un poema tengo que estar sola; sola conmigo misma al menos, con la mente resguardada entre cuatro paredes (un atelier mental como el de Giacometti, acá a la derecha). Y aun así a veces falla (casi la mayoría): tiene que haber esa disposición que surge de qué sé yo dónde. La poesía está siempre conmigo pero no siempre está en la primera capa; y no puedo hacerla surgir con un salta violeta. Es de mis actos más íntimos: deshacerme en un poema de otro es casi casi como.
Por eso cuando voy a lecturas de poesía, y son a medianoche y tocan bandas entre lector y lector, y hay el frú-frú del roce y el blá-blá y el descorche, la verdad es que, si me toca leer, no sé del todo lo que estoy diciendo. Y cuando escucho a otros, no sé del todo qué estoy escuchando. Lo cual no quiere decir que de ahí no surjan chispas, alguna que otra flecha que se hunde en el agua, toca el fondo, deja como una estela. 
Perdón, entonces, si me ven dispersa o si falto a la cita. Yo trato de actuar de acuerdo a la época. Pero no siempre me sale.

22 de agosto de 2013

David Grossman sobre el matrimonio





De la novela citada en el post anterior. La pintura es de Eric Fischl.