30 de diciembre de 2012

Verano


29 de diciembre de 2012

La no germinación del poroto

¿Será o no será que tuiter "me roba" posibles poemas? ¿Que descargo ahí de inmediato imágenes o ideas que, si no fuera por esa intemperie precipitada, podrían llegar a dar florcita?

Que porque lo dico non lo faccio. Ya está dicho, ya está hecho y a otra cosa.

La frase original que da nombre a este blog decía "Se lo dico non lo faccio, se lo faccio non lo dico. Se vuoi veramente qualcosa, mettila per iscritto"*. La leí hace muchos años, si no me equivoco, en una novela "para jóvenes" del escritor cubano Joel Franz Rosell sobre la que tenía que hacer un informe de lectura. Me había gustado la novela, de la que nunca recordé el nombre hasta recién, que acabo de encontrarla en el blog arriba linkeado (ya que estamos, veo que a pesar de mi informe favorable finalmente no la publicó Sudamericana sino Edelvives; aunque vaya uno a saber cómo fueron las cosas -- el informe lo habré hecho entre 1999 y 2000). Y me había gustado la frase; tanto que la recordé hasta el momento de abrir este blog (porque no, no la había messo per iscritto). Claro que le frase no se refería a "hacer" como escribir. O por qué no. No andes boqueando que en eso se te va a ir el impulso ejecutivo. Escribilo en un papelito y dedicate a hacer. 

No andes tuiteando que en eso se te va a ir el impulso ejecutivo. Escribilo en un papelito, que en este caso eso es hacer.

* Si lo digo no lo hago, si lo hago no lo digo. Si querés verdaderamente algo, ponelo por escrito.





(Las casualidades que adoro adorar: Joel Franz Rosell tiene un libro que se llama, justamente, El pájaro libro. Tuit, tuit, pío, pío.)

25 de diciembre de 2012

Declaración de intenciones

Che, pobrecito mi blog. Pero no lo abandoné, eh?


En cualquier momento vuelvo.

23 de noviembre de 2012

Gog y Magog presenta


20 de noviembre de 2012

El chico de la tapa

Quiero decir: el chico cuya tapa ilustra mi nombre de bloguera, y con cuyos poemas estuve machacando desde que empecé con el blog, por ejemplo acá, acá y acá, finalmente tiene su libro. El libro es bilingüe y tiene fotos. Estoy muy pero muy contenta. Próximamente anuncio la presentación.



16 de noviembre de 2012

Él dijo, ella dijo

¿Se acuerdan de mi amigo Mark Dow, con quien siempre andamos traduciendo todo de ida y vuelta; mi consultor permanente en temística inglesa? Me encantó este otro poema suyo y lo traduje. Lo traduje, lo revisó, lo corregí, opinó, todas esas cosas que se suelen hacer. También me escribió una cartita sobre el poema, y también la traduje. Acá abajo, las dos cosas:


Digo

Es decir, sabía que sabía lo que era pero
la melodía se reconoce pero el tempo
va más rápido. Acelerado. Algunas partes sí,
pero otras van bien lento. Primero cuando lo
escuché creí que era Bach. Él hace sonar todo
como Bach pero no era. Sí, pero
las melodías, es como si la partitura
la viera tridimensional. Es como uno
de esos diagramas esquemáticos
donde ves todas las piezas separadas,
un carburador o lo que sea, para ver
cómo se vuelve a armar. Pero me hablabas
de la bendición, la de Sucot. Agitás el lulav,
ramas y hojas de palmera atadas,
como una escoba, una vez en cada dirección,
norte, sur, este, digo: para arriba y para abajo,
¿me entendés? Recitás la brajá, la plegaria,
pero entrecortada. Hay que quebrar el ritmo
del movimiento ondulante para que no toque
las palabras, no agitar las hojas cuando decís
el nombre de Dios. ¿No se supone
que ni tenés que pronunciarlo? Y lo dijiste.
Es el nombre del nombre, nada más.
No es lo mismo. Bueno, como sea. Decías
que decís la brajá en una especie de legato
mientras cambiás de posición el lulav.
Como la invocación de los santeros
para abrirle las puertas a Eleguá. O no,
para pedirle que te las abra a vos. Para vos,
decís. Él custodia las puertas y los cruces
donde empieza la posibilidad. Legba en vudú.
Cuida a los chicos, también. ¿Pero no sos judío?
Me sonás conocido. Como si nos hubiéramos
visto en algún lado. Entre cada punto cardinal
o tono hay otro y así sucesivamente. Es donde el
tiempo empezó o empieza todo el tiempo. No te sigo.
Es como si trataras de cortarlo
hacia los dos lados a la vez. Contarlo, dirás.
Ponele. Creo que entendés bien lo que digo.




Digo (Shake en inglés) es parte de una serie de “poemas de conversación” que estoy escribiendo. Tomé el término de Coleridge, aunque anoto conversaciones desde que era adolescente. A mí me parece que los poemas de conversación de Coleridge no eran sólo conversacionales (al menos en relación a sus otros poemas) sino que estaban dirigidos al interlocutor ausente. En su libro Coleridge (1968), Walter Jackson Bate dice: “Cuando [Coleridge] usaba el término (“El ruiseñor: un poema conversacional, abril de 1798”), era un poco disculpándose humorísticamente, como diciendo que se trataba de algo a mitad de camino entre la poesía y la conversación”. Mis propios poemas de conversación son documentales de conversaciones que tuve o escuché –o al menos así empiezan. Quién le dijo qué a quién ya no interesa. Al menos a mí no me parece que importe. Tal vez después eso cambie. Otra cosa: ahora que tradujiste Shake al castellano me doy cuenta de cómo se parece a algunos poemas tuyos; incluso a Paseo, que traduje al inglés, con esos versos sobre conversaciones o líneas de pensamiento que se cortan.
                                                                                                                                          Mark Dow 

(Acá está el poema mío que tradujo Mark).

7 de noviembre de 2012

Calor visual


Alguien tendría que investigar y escribir algo lindo sobre la visualidad del calor. ¿Ya se hizo?


18 de octubre de 2012

You talkin' to me?


Yes; this bastard me ha estado hablando exclusivamente a mí toda la semana, arrastrándome de estado en estado, como si no hubiera yo pensado ya todo lo que dice en su nuevo libro, que no es por otra parte ninguna novedad; y aun así.
Un ejemplito es el dañino romance mente-cuerpo, esos dos que quedaron abrochados desde la eternidad y uno o una que se empeña en discernirlos para aplicarles a cada cual su vara. Pues no. 

"Al hablar --muy a menudo-- de la angustia en este diario no hablo del alma, ni siquiera hago psicología, permanezco más que nunca en el registro del cuerpo, ¡ese jodido nudo de nervios!".

Después de años de investigación estoy en condiciones de transmitirles la buena nueva de que podemos acceder a una a través del otro y al otro a través de una. Disolver la angustia del músculo rotador con una conversación estimulante o desbaratar lo que se perfila como el salto a la apatía con un café negro y una medialuna de grasa de las brillantitas. ¡Ajá! ¡Creyeron que me iba a salir con la obviedad del psicoanálisis y el yoga!

"¡El recuperado sabor del café tras todos esos años de achicoria! El café negro, fuerte, amargo. Ese mordisco en la boca que requiere, en cuanto se ha bebido el trago, un pequeño y satisfecho chasquido de la lengua. Esa quemadura detrás del esternón que azota y despierta, que acelera los latidos del corazón y conecta las neuronas". 

(La traducción es de Manuel Serrat Crespo, que logra solucionar muchas de la puteadas --aunque no todas-- sin caer en españolismos. Está muy bien la tradux).

8 de octubre de 2012

Hoy volvió Tomlinson


Una idea que me gusta pero de la que no estoy segura (para variar): que un poema "tuvo éxito" conmigo si logró instalarse de alguna manera en mi mente (con una imagen, una sensación, una frase) como para resurgir el día menos pensado.
Bueno, hoy me pasó. Atardecía, volvía caminando por Juramento en cierto estado emocional y me empezó como a acunar la cantinela: "tanto del entorno, lo no dicho, pesa sobre nosotros a esta hora".
Llegué y busqué el poema de Charles Tomlinson, que traduje en 1997 y pocas veces leí desde entonces. No era "lo no dicho" sino "lo no visto", y además hay otro verso en el medio. El poema no habla exactamente de lo que yo quería hablar. Y sin embargo vino a hablarme.                                                                                                                                                    
(Le pegaría una buena corregida a esta traducción pero ahora me dieron ganas de ponerla así. 
"Por Madison" es parte del libro Notas de Nueva York --Notes from New York-- que alguna vez traduje entero).                                                                                                                                              

Por Madison                                                                                                                                                                                                                                                                             
Caminamos por Madison. Es el final                                                                                                           
   de una tarde de invierno: la niebla                                                                                                     
suprimió los alcances de la vista
   mientras los ríos (no los podemos ver)
defienden su derecho a la isla que rodean.
   tanto del entorno, lo no visto -
el desamparo más allá de las torres cercenadas por la niebla -
   pesa sobre nosotros a esta hora:
saboreamos el vino de la soledad de los espacios
   en el mismo instante en que elegimos la calle
que parece un hogar al que se vuelve, convertida
   de pronto en fiesta cuando entramos en ella
con el olor de las castañas en los braseros de la esquina.

23 de septiembre de 2012

Cuando sea grande quiero traducir del italiano


Dunque sigo practicando. Dos Rodaris más, en versión dominguera.

¿Por qué la gente no se lleva bien?

Se lo pregunté a un conocido que se las sabe todas. Me respondió:  "Y... ¡tantos cerebros como cabezas!". ¡Cielos! También él era un Viejo Proverbio y no me había dado cuenta. "Más que de las cabezas", dije, "¿no será culpa de los monederos? Ricos y pobres no pueden pensar las mismas cosas".
   Él lo pensó un momento y finalmente dijo:
Tantos cerebros como monederos! ¡Pero éste es un proverbio nuevo!".
   El Viejo Proverbio se horrorizó de tanta audacia, y del horror le vinieron paperas.


¿Por qué el agua es incolora?

El agua deja pasar los rayos de la luz sin absorberlos: por eso no tiene color propio.
"Soy apolítica", dice el agua; "no soy ni roja ni negra".
   Luego se descubre que basta un sobrecito de brillantina para volverla amarilla, verde, marrón; del color que quieras. Es un personaje sin carácter: usala para lavarte, pero retirale el saludo.