14 de febrero de 2013
11 de febrero de 2013
Sandro apunta
Sigo ejercitándome con el italiano (¿ya dije que me produce una intensa felicidad sensorial? Gustativa, casi.)
Vuelvo con Sandro Penna, pero esta vez son unos textitos autobiográficos publicados en un libro que se llama Un po' di febbre. El cuento que da título al libro me encanta, y es mi próximo objetivo. En verdad este libro ya está traducido al castellano (Algo de fiebre, Pre-textos) por un poeta español, Luis Antonio de Villena, sobre el que me estuvo contando un poco mi nuevo amigo vía Twitter Fabricio Tocco (@chiquidebachin). No pude acceder a la traducción de Villena, pero sí conté con la colaboración de Fabricio y de mi súper-profesora de italiano, Claudia Delpino, para sobrellevar una frase particularmente peliaguda.
Bueno; tanta aclaración para pasar a transcribir dos parrafitos miserables, dirán ustedes. Y la razón que tienen. Me callo.
Apunte triste
Conversación con el muchacho
que dice tener diecisiete años. Tiene el aspecto de un chico de catorce, y
además... ese otro aspecto – se me revela tras las primeras palabras. Pero él
no sabe nada por ahora. No sabe que no alcanza el hecho de haber tenido una aventura, que me cuenta, para salvarlo.
Sin embargo siento en él la resistencia más fuerte; como si fuera a atacarlo.
Vuelvo a mirar a los otros muchachos: su masculinidad sólida y natural, que
cede generosamente. Él, que es ya la planta que veo, y no otra, y que crecerá
como yo sé y de ninguna otra manera, él en cambio ahora se aferra a su sexo
verdaderamente como el náufrago a la roca. Pero no sabe nada.
Apunte
Está frío y nublado. Entro en
una lechería; enseguida un muchacho calienta la leche para mí. En la caja la dueña
lee absorta. Se está en silencio, incluso si el muchacho va y viene por el
local. Después entra un hombre y habla, hablará siempre. De su pan, de la leche
que quiere en abundancia, del cansancio, de su edad. Y no sólo de él. “Estás
bien acá, calentito. Si todavía anduvieras con las ovejas, allá arriba, entre
la nieve... Pero ahora, en invierno, ya no estarías en la montaña”.
“Pastorcito”, me digo del muchacho, y lo miro. Miro si se ofendió. Pero él se
acerca al vidrio largo y vacío de la puerta, abre la guía telefónica y la
hojea, lentamente.
El peón calla, veo su pan
amarillo deshecho, el pelo gris, la piel curtida por el viento. También él me
da la espalda. Y vuelvo a quedar solo con la cajera, que no existe, doblada
sobre la lectura. El muchacho pasa lento las páginas frente al vidrio de la
puerta. En la calle empieza a nevar.
Etiquetas:
cosas que traduje
6 de febrero de 2013
Rápida y furiosa
Siri Hustvedt que no es particularmente mi taza de té cita en su novela The Summer Without Men este haiku de Ron Padgett. Ron Padgett era amigo de Joe Brainard que es el de I Remember (libro que alguna vez pensé en traducir y al final no) y los dos fueron amigos de mi amigo James Schuyler. Fueron medio la segunda generación de ese grupo que se llamó la escuela de Nueva York.
El poema es como un hachazo, es puro efecto. Lo puse en Facebook con una posible traducción y varios se animaron a otras versiones. Van todas (espero que ninguno de los traductores se moleste por verse incluido. El que no quiera estar me dice y lo saco).
That Uy,
was fast. qué rápido.
I mean life. La vida, digo.
Ron Padgett (Mi versión)
qué fue eso? Pasó
ah, la vida. rápido, ¿no?
La vida.
(Alejandra Ventura)
(Martín Schifino)
ESO Eso
fue rápido. pasó rápido.
La vida, digo. Quiero decir: la vida.
(Verónica Pascual) (Jorge Ariel Madrazo)
Qué rápido ¡Guau! ¿Qué
ha sido. fue?
La vida, digo.
(Mark Dow)
(María Quevedo)
Che, Pasó
qué rápido a toda velocidad.
pasó la vida. La vida, digo.
(Ezequiel Zaidenwerg) (Liliana García Carril)
Faaa
pasó re rápida.
O sea, la vida.
(Cristian De Nápoli)
El poema es como un hachazo, es puro efecto. Lo puse en Facebook con una posible traducción y varios se animaron a otras versiones. Van todas (espero que ninguno de los traductores se moleste por verse incluido. El que no quiera estar me dice y lo saco).
That Uy,
was fast. qué rápido.
I mean life. La vida, digo.
Ron Padgett (Mi versión)
qué fue eso? Pasó
ah, la vida. rápido, ¿no?
La vida.
(Alejandra Ventura)
(Martín Schifino)
ESO Eso
fue rápido. pasó rápido.
La vida, digo. Quiero decir: la vida.
(Verónica Pascual) (Jorge Ariel Madrazo)
Qué rápido ¡Guau! ¿Qué
ha sido. fue?
La vida, digo.
(Mark Dow)
(María Quevedo)
Che, Pasó
qué rápido a toda velocidad.
pasó la vida. La vida, digo.
(Ezequiel Zaidenwerg) (Liliana García Carril)
Faaa
pasó re rápida.
O sea, la vida.
(Cristian De Nápoli)
Etiquetas:
cosas que traduje
15 de enero de 2013
30 de diciembre de 2012
29 de diciembre de 2012
La no germinación del poroto
¿Será o no será que tuiter "me roba" posibles poemas? ¿Que descargo ahí de inmediato imágenes o ideas que, si no fuera por esa intemperie precipitada, podrían llegar a dar florcita?
Que porque lo dico non lo faccio. Ya está dicho, ya está hecho y a otra cosa.
La frase original que da nombre a este blog decía "Se lo dico non lo faccio, se lo faccio non lo dico. Se vuoi veramente qualcosa, mettila per iscritto"*. La leí hace muchos años, si no me equivoco, en una novela "para jóvenes" del escritor cubano Joel Franz Rosell sobre la que tenía que hacer un informe de lectura. Me había gustado la novela, de la que nunca recordé el nombre hasta recién, que acabo de encontrarla en el blog arriba linkeado (ya que estamos, veo que a pesar de mi informe favorable finalmente no la publicó Sudamericana sino Edelvives; aunque vaya uno a saber cómo fueron las cosas -- el informe lo habré hecho entre 1999 y 2000). Y me había gustado la frase; tanto que la recordé hasta el momento de abrir este blog (porque no, no la había messo per iscritto). Claro que le frase no se refería a "hacer" como escribir. O por qué no. No andes boqueando que en eso se te va a ir el impulso ejecutivo. Escribilo en un papelito y dedicate a hacer.
No andes tuiteando que en eso se te va a ir el impulso ejecutivo. Escribilo en un papelito, que en este caso eso es hacer.
* Si lo digo no lo hago, si lo hago no lo digo. Si querés verdaderamente algo, ponelo por escrito.
(Las casualidades que adoro adorar: Joel Franz Rosell tiene un libro que se llama, justamente, El pájaro libro. Tuit, tuit, pío, pío.)
Que porque lo dico non lo faccio. Ya está dicho, ya está hecho y a otra cosa.
La frase original que da nombre a este blog decía "Se lo dico non lo faccio, se lo faccio non lo dico. Se vuoi veramente qualcosa, mettila per iscritto"*. La leí hace muchos años, si no me equivoco, en una novela "para jóvenes" del escritor cubano Joel Franz Rosell sobre la que tenía que hacer un informe de lectura. Me había gustado la novela, de la que nunca recordé el nombre hasta recién, que acabo de encontrarla en el blog arriba linkeado (ya que estamos, veo que a pesar de mi informe favorable finalmente no la publicó Sudamericana sino Edelvives; aunque vaya uno a saber cómo fueron las cosas -- el informe lo habré hecho entre 1999 y 2000). Y me había gustado la frase; tanto que la recordé hasta el momento de abrir este blog (porque no, no la había messo per iscritto). Claro que le frase no se refería a "hacer" como escribir. O por qué no. No andes boqueando que en eso se te va a ir el impulso ejecutivo. Escribilo en un papelito y dedicate a hacer.
No andes tuiteando que en eso se te va a ir el impulso ejecutivo. Escribilo en un papelito, que en este caso eso es hacer.
* Si lo digo no lo hago, si lo hago no lo digo. Si querés verdaderamente algo, ponelo por escrito.
(Las casualidades que adoro adorar: Joel Franz Rosell tiene un libro que se llama, justamente, El pájaro libro. Tuit, tuit, pío, pío.)
Etiquetas:
qué sé yo; cosas con palabras
25 de diciembre de 2012
23 de noviembre de 2012
20 de noviembre de 2012
El chico de la tapa
Etiquetas:
cosas que traduje
16 de noviembre de 2012
Él dijo, ella dijo
¿Se acuerdan de mi amigo Mark Dow, con quien siempre andamos traduciendo todo de ida y vuelta; mi consultor permanente en temística inglesa? Me encantó este otro poema suyo y lo traduje. Lo traduje, lo revisó, lo corregí, opinó, todas esas cosas que se suelen hacer. También me escribió una cartita sobre el poema, y también la traduje. Acá abajo, las dos cosas:
Digo
Es decir, sabía que sabía lo que era pero
la melodía se reconoce pero el tempo
va más rápido. Acelerado. Algunas partes
sí,
pero otras van bien lento. Primero cuando
lo
escuché creí que era Bach. Él hace sonar
todo
como Bach pero no era. Sí, pero
las melodías, es como si la partitura
la viera tridimensional. Es como uno
de esos diagramas esquemáticos
donde ves todas las piezas separadas,
un carburador o lo que sea, para ver
cómo se vuelve a armar. Pero me hablabas
de la bendición, la de Sucot. Agitás el lulav,
ramas y hojas de palmera atadas,
como una escoba, una vez en cada dirección,
norte, sur, este, digo: para arriba y para
abajo,
¿me entendés? Recitás la brajá, la plegaria,
pero entrecortada. Hay que quebrar el ritmo
del movimiento ondulante para que no toque
las palabras, no agitar las hojas cuando
decís
el nombre de Dios. ¿No se supone
que ni tenés que pronunciarlo? Y lo dijiste.
Es el nombre del nombre, nada más.
No es lo mismo. Bueno, como sea. Decías
que decís la brajá en una especie de legato
mientras cambiás de posición el lulav.
Como la invocación de los santeros
para abrirle las puertas a Eleguá. O no,
para pedirle que te las abra a vos. Para
vos,
decís. Él custodia las puertas y los cruces
donde empieza la posibilidad. Legba en vudú.
Cuida a los chicos, también. ¿Pero no sos
judío?
Me sonás conocido. Como si nos hubiéramos
visto en algún lado. Entre cada punto
cardinal
o tono hay otro y así sucesivamente. Es
donde el
tiempo empezó o empieza todo el tiempo. No
te sigo.
Es como si trataras de cortarlo
hacia los dos lados a la vez. Contarlo, dirás.
Ponele. Creo que entendés bien lo que digo.
Digo (Shake
en inglés) es parte de una serie de “poemas de conversación” que estoy
escribiendo. Tomé el término de Coleridge, aunque anoto conversaciones desde
que era adolescente. A mí me parece que los poemas de conversación de Coleridge
no eran sólo conversacionales (al menos en relación a sus otros poemas) sino
que estaban dirigidos al interlocutor ausente. En su libro Coleridge (1968), Walter Jackson Bate dice: “Cuando [Coleridge]
usaba el término (“El ruiseñor: un poema conversacional, abril de 1798” ), era un poco disculpándose
humorísticamente, como
diciendo que se trataba de algo a mitad de camino entre la poesía y la
conversación”. Mis propios poemas de conversación son documentales de
conversaciones que tuve o escuché –o al menos así empiezan. Quién le dijo qué a
quién ya no interesa. Al menos a mí no me parece que importe. Tal vez después
eso cambie. Otra cosa: ahora que tradujiste Shake
al castellano me doy cuenta de cómo se parece a algunos poemas tuyos; incluso a
Paseo, que traduje al inglés, con
esos versos sobre conversaciones o líneas de pensamiento que se cortan.
Mark Dow
(Acá está el poema mío que tradujo Mark).
Etiquetas:
cosas que traduje
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






