17 de junio de 2010

James Schuyler: la luz que presiona y a la vez tironea


Schuyler es uno de los mejores descriptores de cielos que conozco. Otra cosa que le sale muy bien es explicar sensaciones y sentimientos a través de imágenes botánicas. Pero en este poema lo que me encanta es que parece haber agarrado al bosque desprevenido, como un corresponsal de incógnito: qué hace la naturaleza cuando nadie la ve -- cuando cree que nadie la ve.




Justo antes del otoño


en los intervalos quietos entre vientos de equinoccio

el silencio resplandece

o en un bosque de abetos

se muestra como troncos rayados, claros, oscuros

vistos entre ellos

todos iguales, cada uno diferente:

un bosque despojado de sus ramas más bajas

que yacen vagamente apiladas junto al sendero

musgosas, con liquen, pudriéndose.



El sol está en el cielo como si fuera su retrato.

A las áster las inclina una brisa

que para plantas más leñosas sería indigno notar.

Varas de oro erguidas como cúspides

o de otro tipo, que señalan en lenguaje gestual indio:

“Por aquí”.



Por la tarde temprano la luna sube al cielo

mientras el sol va hacia el oeste

su luz ingrávida se posa

sobre un zarzal de saucos y cerezos silvestres.

Parece que la luz los presionara

y los tironeara desde arriba

así como una lancha huye de la estela

que parece propulsarla

a través de ilusiones de verde

hechas por árboles negros reflejados en el agua astillada

que toma forma.



¡Maravillosa energía universal,

expresada en una estelar quietud!

La Vía Láctea desplegada

sobre la casa anoche

y las Pléyades

a la vista débilmente exclamaban:

“La mejor forma de ver las estrellas

es mirar un poco hacia un costado”

un universo en su red de espacio

debilitándose, concluyendo, continuando

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hermoso!
Y muy lindo el blog... yo digo que sí.
ng

hishkatan dijo...

Esto me hace recordar a algunas descripciones de Francis Ponge. Muy bueno.