28 de marzo de 2014

El libro oculto en la foto anterior


El libro del que sólo se ve una esquinita en la foto del post anterior: este libro hermosísimo que me regaló Gastón Sironi el último día del Festival de Poesía de Córdoba. Lo empecé en el avión de regreso. Me dio un poco de esa calma imposible de lograr en los aviones. Lo estoy marcando con lapicera, ¿está mal? Con tinta azul lavable. Porque es mío. Conversan María Teresa Andruetto y Circe Maia, lo más tranquilas, como podemos conversar vos y yo. Y cuando nombran un poema de Circe, remiten a la página correspondiente. Voy, leo el poema, leo lo que charlan sobre ese poema, que nunca es exhaustivo, son sólo ideas al pasar. No sé, a veces un libro es perfecto para un momento. Muchas veces, por cierto y por suerte.
Ahora voy a copiar uno que... en fin. Es de llorar. Y cómo mide esta señora, eh. Dios le conserve la métrica.




Regreso

Estábamos tan acostumbrados
al ruido de los niños,
gritos, cantos, peleas
que este brusco silencio, de pronto...
Nada grave. Salieron.
Sin embargo
en pocos años será lo mismo
y no nos sentaremos a esperarlos.
Habrán salido de verdad.
Se saldrán del correr en escaleras.
¡No corran, niños! De sus cantos gritados
de su empujarse y su reir, habrán salido.

Volverán sólo en ráfagas-recuerdos,
en fotos alineadas.
Tiempo de mamaderas y pañales.
Tiempo de túnicas y de carteras.
Tiempo quedado atrás de alguna puerta
que no será posible abrir. Habrán salido.

Por eso toco y miro, como de gran distancia
este cuarto en silencio
con juguetes tirados por el piso
con camas destendidas.

Me siento regresando.
Como quien ya se iba y da vuelta.
Como alguien que olvidó despedirse.
Desde afuera, de lejos, he regresado
a la resbaladiza sustancia de la vida. 

18 de marzo de 2014

Todos estos libros

me regalaron sus autores en el Festival de Poesía de Córdoba.
Cuánto cariño.

12 de febrero de 2014

Abran la barrera

Una vez inventé esta etiqueta que es "frutos inesperados del gugleo" y después medio que la abandoné, pero hoy la retomo porque buscando cualquier pero cualquier otra cosa me encontré con esta ilustración de una tal Johanna Kim, a quien no conocía pero me está dando gusto conocer, de un libro de un tal Patrick T. McBriarty llamado Drawbridges Open and Close, que también creo que me daría gusto leer. Qué hubo en esta imagen que me hizo guardarla y admirarla, no lo sé del todo ni estoy en condiciones de pensarlo ahora, con este resfrío enorme y esta nublazón mental. Así que pego el dibujo acá, y ya veremos.


8 de febrero de 2014

Traducido al pasar

¿Es triste este poema o yo estoy triste? Capaz las dos cosas. Frank O' Hara, de Lunch Poems, fotografiado unos posts más abajo.


Poema

Café instantáneo con crema levemente ácida
agregada, y un llamado telefónico
al más allá, que no parece estar más cerca.
"Ay, papi, quiero estar borracho muchos días"
en el poema de un amigo nuevo
mi vida precariamente sostenida en la visión
de las manos de otros, sus y mis imposibilidades.
¿Esto es amor, ahora que el primer amor
finalmente murió, donde no había imposibilidades?

6 de diciembre de 2013

Tres que traduje de mi nueva favorita



Te quiero mucho a vos
y a tu pelo corto
a tus cordones sueltos
y a tus medias caídas
a cómo sos si te reís
y a cuando ponés la trompa
en las rodillas huesudas
y a tus ojos serios
a cómo movés las manos
y a cómo te viene el sueño
a cómo me saludás
y a cómo corrés en la plaza
cuando con nosotros está el viento
y el cielo sobre las casas
es como una capa
violeta


Lagartija, dale, te arranco la cola
¡si total sabés que te vuelve a crecer!
¿Y vos qué tenés que te vuelva a crecer?
Nada. Nada, ¡yo no tengo cosas así!
Y entonces cómo hacés, sin cola cómo hacés
para aprender a seguir viviendo
aunque te falte algo
y esperar el tiempo necesario
para que lo que te falta no te falte
más. Sin cola ¿cómo hacés? ¡Casi             
casi te la presto!


Ahora que sé leer
las palabras escritas
le leo a mi hermano
las historias que no sabe
Basta, no tengo ganas
le dije anoche
¡arreglátelas solo!

y él que no sabe leer
con el libro en las piernas
me leyó serio serio
una historia que no está
Una historia que volaba
tan arriba de las piernas
que las palabras escritas
nunca la atraparán



De E sulle case il cielo, Giusi Quarenghi y Chiara Carrer. Milán, Topipittori, 2007.

4 de noviembre de 2013

Amos Oz: el día que fui groupie

Habrán visto que uso este espacio para permitirme excesos como hablar reiteradamente de alguien, ponerle "ídolo" como etiqueta y linkearlo con mis propias menciones de su nombre una y otra vez, en cadena. Bueno, dentro de esa modalidad suelo citar a Amos Oz -- ahí tienen, ya lo linkié. 
Resulta que este año Amos ganó el premio Franz Kafka y lo fue a recibir a Praga justo cuando yo llegaba. Así es que el 23 de octubre dio una lectura pública en la Franz Kafka Society (can't stop linking), que es una librería chiquita en la calle Sĭroká -- si preguntás a media cuadra mucha gente ni te sabe indicar;la atravesás, cruzás un patio y bajás unos escalones, hay una sala angosta, oscura, llena de libros.


Fui temprano y con ansias. Tuve el impulso de abrazarlo cuando llegó y me pasó por al lado sin que nadie notara que había llegado.
Después habló en inglés y se fue dejando trasladar al checo, leyó en hebreo una parte de Una historia de amor y oscuridad y del primer cuento de Escenas de la vida rural (que yo hipercanchera seguí desde mi edición en castellano) y contestó varias preguntas de las que sólo, claro, entendí la respuesta.

Dijo entre otras cosas que debajo de la oscuridad siempre hay humor y debajo del humor más oscuridad. Que su abuela le decía: cuando no te queden más lágrimas para llorar, empezá a reirte.
Dijo: si me piden que explique en una sola palabra sobre qué escribo, digo: familias. En dos palabras: familias infelices. En tres: lean mis libros.
Porque, agregó, las familias felices -- si es que existen, que lo duda (apenas puede creer que sigan existiendo las familias, "casi nadie es monógamo por naturaleza") -- no necesitan una historia.

Contó lo culpable que se sentía en el kibbutz por tener asignado un tiempo semanal para escribir -- y ni siquiera lograrlo -- mientras que los demás "trabajaban en serio". 
Y obviamente habló sobre Israel y Palestina, esos vecinos que "tienen que dividir la casa en dos departamentos más chicos y no intentar quererse, sino respetar pactos".

Al final se sentó pacientemente ante una larga fila a firmar libros. 

"Nice to see the Spanish edition", me dijo con una sonrisa, levantando la vista para hablarme. 
Yo le dije que tenía muy buenas traductoras al castellano. Y que estaba muy emocionada de verlo. Y le di una notita medio arrugada que le escribí mientras esperaba que llegara, aclarándole que yo nunca, pero nunca, me había comportado como semejante groupie.



1 de noviembre de 2013

Parte 2: cafés tomados (sólo algunos)


La experiencia, que se va volviendo tan excepcional


"Quiero vivir en la excepción", pensaba caminando en trance por Berlín, por Praga, ahora, hace unos días. ¿Me permiten tumblrearla un poco?

Berlín





(cuánta hoja)


(clásico)


(adquirí)


(estación de dresden)


Praga


(otro clásico)


 (mi ventanita)


(la calle que lograba llevarme a cualquier parte)





(tren)

(continuará).

1 de octubre de 2013

Cuando la carroza retroceda a calabaza

Más o menos a esa hora estaremos leyendo en Humbert Humbert. 


18 de septiembre de 2013

Mecánica de preparación de un fuego

Madonna santa, lean este párrafo de Spaesamento, la segunda novela del italiano Giorgio Vasta. 
Lo traduje io.


“(...) el pánico natural que asedia la vida de los cuaren-cincuentones que se han corrido de la vida regulada y regular de las generaciones precedentes para concentrarse en el presente dándolo por ilimitado, un lugar reversible y palíndromo, y que en un cierto punto han sido arrinconados por una fisiología cada vez más angustiosa, no solamente los brazos disueltos y las células acumuladas sino el primer disgregarse de todos esos mecanismos hasta entonces silenciosamente implícitos que de pronto empiezan a fallar y a agrumarse manifestándose periódicamente resentimientos musculoesqueléticos, en particular en la región lumbosacra, y en puntadas y espasmos e impiadosos reflujos esofágicos y en supuestas isquemias y en una arritmia cardíaca que te para en seco y te perla la frente hasta que la alarma se atenúa y se intenta volver de a poco a las acciones normales diciéndose –con un gusto a cenizas en la boca– que no era nada, no era nada.
   El pánico de la mujer cosmética también es el mío, porque mío es el miedo cotidiano al tiempo estéril, al cuerpo que se refriega contra sí mismo; los órganos internos se refriegan, los huesos se refriegan, el cuerpo envejece y envejecer es este refregarse continuo, esta mecánica de preparación de un fuego, pero mi cuerpo es una piedra mojada, es ramitas que se quiebran, el tiempo que pasa sin fricción, sin chispa”.