28 de agosto de 2012

Para ustedes, chicos


El hombre en el espacio

No tienen más que escuchar cómo un hombre
le habla en la mesa, con más gente, a su mujer
el empeño que pone en defender su idea
aun cuando a ella empieza a temblarle la boca

para saber por qué las mujeres en la ciencia
ficción, con un planeta sólo de ellas
no aparecen haciendo una ensalada o leyendo una revista
cuando llegan los hombres de la Tierra en sus cohetes,

por qué siempre están de pie en un semicírculo
con los brazos cruzados, las piernas desnudas separadas,
los pechos protegidos por duros discos de metal.

Billy Collins

Español y liliputiense


Anoche me llegó el sobre manila acolchado con remitente de Cáceres y la cálida nota de José María Cumbreño, el esmerado e inspirado editor de Ediciones Liliputienses. El catálogo de "La biblioteca de Gulliver" incluye varios poetas americanos que sospecho (la verdad es que no me puse a investigar) que, como yo, no habían sido publicados en España: Martín Gambarotta, Rocío Cerón, Luis Chaves, Frank Báez, Marcela Parra, Maurizio Medo, Gladys González, Rafael Courtoisie y otros (vayan al blog que además del catálogo hay recorridos internos por los bellos libros).
El mío, que acá se ve sostenido por la niña-que-falta-al-jardín, es una antología que incluye poemas de todos mis libros ("todos mis libros", buá).
Estoy contenta de integrar esta colección. Juro que no es sólo otro caso de triste egolatría. O que es un poco más que eso.


17 de agosto de 2012

Estas asociaciones

Había estado en Londres hace mucho -- en el '95 -- y sola. Con lo que caminaba todo el día de un lado a otro y decidía si entraba o salía y cuánto me quedaba y con quién hablaba; o si hablaba. 
Ahora volví con hijos y marido. Y algunos días fueron de madre e hija -- Amelia y yo por subtes, puentes, calles y barcitos. 
Un día fuimos a Tate Modern. Entramos y cruzamos el hall inmenso de esa ex usina eléctrica hasta llegar a la también inmensa parte de atrás. Ahí vimos algo raro, que no supimos descifrar. Nos quedamos un rato mirando. Había gente que cruzaba el hall pero no estaba claro si con un objetivo o sólo para pasar del otro lado del museo. Había gente charlando y había gente dudando. Y también algunas hileras de tres o cuatro personas que caminaban hacia atrás dirigiendo la mirada hacia el entrepiso. "¿Qué hacen? ¿Qué estarán mirando?", le pregunté a Amelia. Tuve el impulso de acercarme a investigar si ahí "pasaba algo" o si yo, como de costumbre, bañaba en extrañeza los desplazamientos casuales del público. Pero decidí empezar a recorrer el museo porque sabía que con niña de 5 el tiempo y el contacto iban a ser limitados.



Salió bien la visita. Ame y yo tuvimos algunos lindos intercambios sobre la sensación que nos dan los museos. Eso compensó el tiempo a solas delante de ciertos cuadros o proyecciones o esculturas que no pude tener como tenía en otras épocas. En un estilo muy distinto al de la soledad, me quedé con la sensación de que "había pasado algo".

Unos días después, volviendo a Buenos Aires y leyendo el New Yorker en el avión, me encontré con una larga nota que me explicó eso que había visto en el hall de la Tate. Era el nuevo trabajo de Tino Sehgal, "These Associations". Claro que yo había visto el nombre de Tino Sehgal en la entrada; creí que era uno de los artistas a cuyas instalaciones Amelia se negó a entrar, porque estaba oscuro y le daba miedo.

Tino Sehgal construye interacciones humanas. Sus obras son lo que él llama "situaciones construidas". En la nota del New Yorker Lauren Collins lo describe como un "arquitecto de la interacción". Se trata de transformar acciones en lugar de cosas o materiales. De producir cierta realidad a través del contacto entre dos o más personas que no se conocen.

"These Associations" consiste en setenta "intérpretes" (un grupo heterogéneo de personas que Sehgal y sus asistentes reclutan y entrenan) cuya función es acercarse a los visitantes del museo y tratar de entablar con ellos un diálogo "significativo".  "Una serie de diálogos estilizados que se salteen las formalidades de la interacción social y produzcan un concentrado intercambio de ideas", dice Collins.

La consigna fundamental que les dio Sehgal a sus intérpretes fue que intentaran conversar sobre momentos en los que hubieran tenido una sensación de llegada, de pertenencia, de satisfacción o de insatisfacción con ellos mismos. Para esto les transmitió algunas estrategias retóricas. Porque el diálogo tiene que cumplir con ciertas características para que la obra resulte exitosa. "Si el otro dice algo que está bueno y se engancha en el mismo nivel que ustedes, vamos bien", explicaba Sehgal en una de las reuniones previas a la inauguración. "Pero si se pone a hablar de tonterías tienen que tener cuidado, porque la obra es una creación conjunta. El público tiene poder (...). Y en última instancia, aun cuando produzca más momentos banales que ustedes, sigue siendo el público el que va a juzgar la banalidad de la obra".

Leyendo todo esto en el avión me dio un poco de pena no haberme metido en el oleaje del Turbine Hall. ¿Cómo habría sido ponerme a conversar ahí de algo íntimo, con Amelia al lado y en un idioma que no es el mío? ¿Podría haber salido transformada, en algún punto? Creo que si por algo, y para mi sorpresa, pude esquivar el escepticismo y apreciar la idea de Tino Sehgal fue porque yo misma, aunque sin aspiraciones artísticas, intento a veces construir este tipo de situaciones. Así es que digo cosas inesperadas hasta para mí misma, y muy a menudo bastante personales: en un negocio, en la cola del cajero o a un taxista. No es a propósito. Y muchas veces me arrepiento o al menos me avergüenzo un poco. Pero no puedo evitarlo. Como si investigara cuál es el punto de cruce íntimo que puedo tener con un desconocido, fugazmente, en los momentos menos pensados.

Y sí que puede haber transformación en estas asociaciones. Hace poco alguien en Twitter contó que había consolado a la cajera del supermercado, que estaba llorando. La sacó a la calle unos minutos y charlaron. No se conocían ni se hicieron amigas. Pero tuvo que haber una transformación ahí; en las dos.

De todas formas, cuando terminé de leer la nota me pareció que aun sin haber sido una de las "co-creadoras" de la obra de Sehgal, había participado. Porque ahí en el borde del hall, por un momento,   me pregunté cosas. Le pregunté a Amelia. Y esas cosas siguieron rebotando entre nosotras durante la visita al museo, y cuando compramos postalcitas y un libro en la tienda o nos tomamos un café en el bar del primer piso. Nos dijimos cosas que no nos habíamos dicho antes. Nos asociamos de una manera nueva.

13 de agosto de 2012

Y pilón de preguntas


Después en La Feltrinelli me compré este libro de mi querido y admirado Gianni Rodari. Bueno, me/les lo (les + lo = se lo) compré a los chicos pero para que lo lean tendrá que pasar por el tamiz de mi traducción, así que me lo compré también a mí. Bueno: me lo compré para mí.
En El libro de los por qué Rodari les responde a un montón de chicos que le han escrito con preguntas como "¿Por qué nacemos?", "¿Por qué yo soy yo?" o "¿Por qué las herraduras traen buena suerte?". La mayoría de las respuestas, aunque no todas, consisten en una explicación en prosa y una coda en verso. Y un dibujo (de Giulia Orecchia).
He aquí mi primer pequeño ejercicio de traducción:



¿Por qué papá me promete tantos juguetes si tiene poca plata?

Hay que ser buenos con los papás que tienen poca plata. No pueden regalar tantos juguetes pero pueden regalar una promesa, y lo hacen de todo corazón. Así que yo digo que hay agradecerles igual, y quererlos mucho, y desearles que ganen la lotería. Además, hay que recordar que este sistema de los juguetes funciona muy mal. A mí me parece que habría que reformarlo con una ley del Parlamento.

Son lindas las vidrieras
de las jugueterías;
florecen todo el año
de regalos y velas
como árbol de Navidad.
Pero los vidrios, me pregunto,
¿para qué los ponen?
¡Así no se puede agarrar nada!
El vidrio, dicen, es transparente,
pero para mi mano es duro
como un muro.
Si quieren que los chicos
se diviertan de veras
¡háganlas sin vidrio, las vidrieras!

9 de agosto de 2012

Pilón de fotos



En Londres me compré este libro de Billy Collins y durante varias noches me dormí después de leer un mismo poema, que no es éste sino otro que no se dejó traducir tan así nomás y velozmente como éste, que también me gusta aunque no tanto como el otro pero que por otra parte me viene muy al caso aquí y ahora. El otro se llama Driving with Animals y espero traducirlo un día con más tiempo. Éste, como digo, lo traduje tomándome licencias varias, aunque, me parece y espero, sin serle para nada infiel.





Tierras extrañas

Ahora las fotos del viaje del verano
se desparraman por la mesa como si fueran espejitos
que reflejan nuestro lugar en la historia europea.

Son el botín del viaje, con marco y coloridas,
fracciones de segundos que después de la cena
vamos pasando a los amigos para hacerles creer
que encontramos dulzura, en algún lugar, lejos.

Ahí estamos, la mirada familiar en lo extranjero,
detenidos frente a una puerta cisterciense,
o reclinados, oblicuos, contra un kiosco;
congelados detrás de un Della Robbia
azul y blanco, o ante la mesa de un café
tapizada de libros de referencia,
oscurecidos en la sombra subexpuesta de un toldo.

El mozo al fondo, con bigote y delantal,
les lleva a otros sus bebidas aun ahora
mientras miramos el pilón una vez más
notando que intentábamos quedarnos
quietos como pinturas hasta ser liberados
por el crujido del obturador

para seguir, desenfocados, sin fotografiar,
por una calle con canteros y motos,
dos borrones en la luz menguante de la tarde,
las cámaras en sus estuches negros,
balanceándose, ciegas, a nuestros costados. 

19 de julio de 2012

En el avión


Amelia tiene un cuaderno y una caja de marcadores y dibuja. Una fila adelante, el nene israelí hace lo mismo.
Amelia hace un dibujo y escribe AMELIA. El nene hace un dibujo y escribe SHLOMO.
"Me gusta".

1 de julio de 2012

El pájaro y la noche



El amigo Luis Pereira se viene especialmente de la tierra del legalize it para presentar las dos antologías de Civiles Iletrados. Por fin voy a ir Otra Lluvia; siempre quería.

26 de junio de 2012

Amelia gira con vestido nuevo

Un endecasílabo y tres fotos.







25 de junio de 2012

Mujer bajo influencia

Antes tal vez tenía una pequeña idea y la agrandaba ("desarrollaba") para engalanar mi blog. Ahora tal vez tengo una idea mediana o con perspectivas de desarrollo pero la comprimo (y muchas veces la achico) para rellenar el timeline de Twitter.
¿Es esto bueno  o malo (para el pueblo judío)? Estoy viendo. 
En este momento soy, como Gena, una mujer bajo influencia, y no sólo bajo influencia de Twitter (buena estaría).
Buceando.
De vez en cuando asomo la cabeza y traigo un hipocampo, un pulpito, un alga; cosas para poner en la pecera.

15 de junio de 2012

Otra foto desde la ventana

De las que saca hija de 5 mientras yo, ponele, tuiteo. Ésta podría llamarse 
"Yin yang porteño".