8 de abril de 2015
Ésta soy yo contenta
y extrañamente con las uñas sin pintar. El libro lo editó Limonero, las ilustraciones son de Carlos Junowicz y pronto, en mayo, andará por las librerías. Si quieren leer algo (elogioso, claro, pero además preciosamente escrito) sobre Eso no se hace les recomiendo esta reseña de Germán Machado en su blog Garabatos y Ringorrangos.
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cosas con palabras
30 de marzo de 2015
Pequeño y amoroso adelanto
del libro de M. John Harrison que saldrá por Edhasa cuando yo tenga a bien terminar de una vez de traducirlo y entregarlo. Al final viene una serie de textos cortos y autobiográficos y algunos son deliciosos (a mi juicio, al menos) como éste que copio:
un
lugar oscuro & tenso
Al mediodía voy & vengo por Church
Street, una calle no muy animada en este horario. Voy & vengo mirando las
vidrieras hasta que llego al Rose & Crown, en la esquina de Albion Road.
Tres o cuatro pasos más adelante una mujer joven intenta abrir puerta tras
puerta, pero todo está cerrado. Los negocios de ropa, las jugueterías, las
librerías, los negocios esos que tienen solamente cosas con lindo diseño. Nadie
le quiere vender nada. Ella no puede entenderlo. Una o dos veces intercambiamos
miradas & nos encogemos de hombros. Como si dijéramos: Qué se le va a
hacer. ¿Es en Londres que estamos? Y allí termina la conversación sin palabras
puesto que tenemos tan poco en común. Es agradable que el Rose & Crown esté
vacío, sólo un par de viejos de barba blanca que toman cerveza & alguien
que pide un whisky con Coca en la barra interminable ahí donde empieza a
internarse en las sombras & en las listas de vinos escritas en tiza. Me
tomo una Becks; un paquete de papas fritas, cheddar irlandés sabor a chutney de
cebolla. Aunque los ingredientes no rocen el queso ni el chutney ni Irlanda, estas
cosas son una ficción agradable de la que todos podemos tener un poco. La
palabra “sabor” está impresa en letras más chicas que el resto. Yo real &
honestamente me conformo con eso, con la vista de Church Street, que apenas
parece estar despierta & luce como una calle junto al mar. No lucía así la
última vez que vine. Era un lugar oscuro & tenso & yo también estaba en
bastante mal estado. En esa época no me conectaba mucho con las escenas en las
que me encontraba. La única conexión que lograba era a través de una especie de
terror. Creía que estaba embrujado: pero el embrujo era yo, & entender eso,
con el tiempo, me enseñó muchísimo.
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cosas que traduje
9 de marzo de 2015
La vez que vino Raymond
Ultramarine es un libro que me encantó once upon a time. La semana pasada volví a tomarlo entre mis brazos y en el taller de traducción trabajamos arduamente este poema. Acá mi versión (provisoria siempre), por allí y allá andan también las otras cuatro versiones.
El regalo
La nieve
empezó a caer anoche tarde. Copos húmedos
pasando
junto a las ventanas, nieve cubriendo
las
claraboyas. Miramos un rato, sorprendidos
y felices.
Contentos de estar ahí y no en otro lado.
Yo puse
leña en la estufa. Ajusté el tiro.
Nos fuimos
a la cama y cerré los ojos de inmediato.
Pero antes
de dormirme, por alguna razón,
recordé la
escena en Buenos Aires
en el
aeropuerto, la noche que nos fuimos.
¡Qué
inmóvil y desolado parecía el lugar!
Silencio
total salvo por nuestros motores
cuando nos
alejamos de la puerta de embarque
y
carreteamos lento bajo una nieve suave.
Las
ventanas de la terminal a oscuras.
Nadie a la
vista, ni el personal de tierra. “Parece
que todo el
lugar estuviera de duelo”, dijiste.
Abrí los
ojos. Por cómo respirabas
dormías
profundo. Te cubrí con un brazo
y pasé de
Argentina a recordar un lugar
donde viví
una vez, en Palo Alto. No hay nieve en Palo Alto.
Pero tenía
una habitación y dos ventanas a la autopista Bayshore.
La heladera
estaba al lado de la cama.
Si me
deshidrataba en mitad de la noche
para saciar
la sed no tenía más que estirarme
y abrir la
puerta. La luz interna señalaba el camino
hasta la
botella de agua fría. Había un calentador
eléctrico
en el baño cerca del lavatorio.
Mientras me
afeitaba, hervía el agua en la olla
sobre la
placa junto al frasco de café.
Un día me
senté en la cama, vestido y afeitado al ras,
con un
café, posponiendo lo que había pensado hacer.
Por fin
marqué el número de Jim Houston en Santa Cruz.
Y le pedí
75 dólares. Dijo que no tenía.
Su mujer se
había ido a México por una semana.
Sencillamente
no tenía. Se había quedado corto
ese mes.
“Todo bien”, dije. “Lo entiendo”.
Y así era.
Conversamos un poco
más,
después cortamos. No tenía.
Me terminé
el café, más o menos, justo cuando el avión
despegaba
rumbo al anochecer.
Me di
vuelta para mirar una vez más
las luces
de Buenos Aires. Después cerré los ojos
para el
largo viaje de regreso.
Esta mañana
hay nieve por todas partes. Lo comentamos.
Me decís
que no dormiste bien. Digo
que yo
tampoco. Pasaste una noche pésima. “Yo igual”.
Tenemos una
calma y una ternura extraordinarias
como si
sintiéramos lo endeble que está el otro.
Como si
supiéramos lo que el otro siente. No es así,
claro.
Nunca sabemos. No interesa.
Es la ternura
lo que a mí me importa. Es el regalo
esta mañana
que me conmueve y me sostiene.
Como cada
mañana.
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cosas que traduje
12 de febrero de 2015
22 de enero de 2015
Por el camino de M. John
Una oración sencilla y hermosa que me tocó en la traducción del día, y una torta muy simpática -- "torta Battenberg"-- que conocí también hoy y también gracias a la traducción:
"Ella adoraba los cafés, tal vez porque la vida que allí se desarrolla, aunque doméstica y cómoda, no te demanda nada: no hay nada de lo que tengas que participar."
"Ella adoraba los cafés, tal vez porque la vida que allí se desarrolla, aunque doméstica y cómoda, no te demanda nada: no hay nada de lo que tengas que participar."
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diario de traducción,
frutos inesperados del gugleo.
1 de enero de 2015
De vez en cuando la tradux / nos besa en la boca
Perdón pero tuve que venir corriendo a contar lo que acaba de pasarme mientras traducía el libro de M. John Harrison; justamente el cuento que dará nombre al libro ("Egnaro"). Es ese tipo de coincidencias que la traducción produce muy pero muy de vez en cuando; una magia forjada por la búsqueda perpetua. Casi creo que es la inmersión en esa neurosis traductiva la que lleva a esto, como un conjuro, una palabra mágica de consistencia lacaniana.
A ver si logro explicarlo sin tener que contar el cuento entero. Aunque debería contarlo, porque en verdad este cuento increíble se trata justamente de este tipo de "señales" que yo misma suelo ver en las coincidencias. Lo cual lo vuelve todo triplemente sobrecogedor.
Hace unas páginas aparece una chica malaya, moza de un restaurant chino. Quiere ofrecerles postre a los personajes y, con su acento, le sale "costa" en lugar de "custard". Los personajes tardan un rato en entender qué es "costa". Siguen unas líneas de juego y broma con ese "costa" que en verdad es "custard". Yo en principio, provisoriamente, reproduje con un juego entre "flá" y "flan".
Ahora el juego de palabras vuelve a aparecer aplicado a otra cosa. El terror del traductor. Va a haber que rever todo o fijarse si el juego original coincide de algún modo con este nuevo juego. En este caso el personaje menciona un lugar de veraneo llamado (en el original) "Costa Blanca" y a continuación hace alusión al ofrecimiento de la moza malaya. Bueno, paren, les fotografío el juego:
¿Cómo hago para unir el flan al juego sonoro con la costa? Entonces hago un primer tiroteo en Google, algo completamente absurdo como "playas veraneo fla". Es decir, un lugar de veraneo que tenga la sílaba "fla" en el nombre. Pero sabiendo que es bastante arduo, porque tiene que ser un lugar que los ingleses de clase no muy alta puedan llegar a considerar para ir de vacaciones. Sin embargo, todavía ni busqué dónde queda Costa Blanca.
Pues bien, mis queridos amigos. La primera opción en mi lista de azul sobre blanco es "Playa Flamenca". Sonoramente se prestaría al juego, pienso. Pero ¿dónde queda? Véanlo con sus propios ojitos:
WHAT ARE THE FUCKING ODDS.
Y con esto me retiro, le escribo a Harrison y le digo que el misterio de Egnaro volvió a manifestarse durante su traducción al castellano.
A ver si logro explicarlo sin tener que contar el cuento entero. Aunque debería contarlo, porque en verdad este cuento increíble se trata justamente de este tipo de "señales" que yo misma suelo ver en las coincidencias. Lo cual lo vuelve todo triplemente sobrecogedor.
Hace unas páginas aparece una chica malaya, moza de un restaurant chino. Quiere ofrecerles postre a los personajes y, con su acento, le sale "costa" en lugar de "custard". Los personajes tardan un rato en entender qué es "costa". Siguen unas líneas de juego y broma con ese "costa" que en verdad es "custard". Yo en principio, provisoriamente, reproduje con un juego entre "flá" y "flan".
Ahora el juego de palabras vuelve a aparecer aplicado a otra cosa. El terror del traductor. Va a haber que rever todo o fijarse si el juego original coincide de algún modo con este nuevo juego. En este caso el personaje menciona un lugar de veraneo llamado (en el original) "Costa Blanca" y a continuación hace alusión al ofrecimiento de la moza malaya. Bueno, paren, les fotografío el juego:
¿Cómo hago para unir el flan al juego sonoro con la costa? Entonces hago un primer tiroteo en Google, algo completamente absurdo como "playas veraneo fla". Es decir, un lugar de veraneo que tenga la sílaba "fla" en el nombre. Pero sabiendo que es bastante arduo, porque tiene que ser un lugar que los ingleses de clase no muy alta puedan llegar a considerar para ir de vacaciones. Sin embargo, todavía ni busqué dónde queda Costa Blanca.
Pues bien, mis queridos amigos. La primera opción en mi lista de azul sobre blanco es "Playa Flamenca". Sonoramente se prestaría al juego, pienso. Pero ¿dónde queda? Véanlo con sus propios ojitos:
WHAT ARE THE FUCKING ODDS.
Y con esto me retiro, le escribo a Harrison y le digo que el misterio de Egnaro volvió a manifestarse durante su traducción al castellano.
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diario de traducción; cosas que traduje.
26 de diciembre de 2014
No sé cuánto me guste Marianne Moore
De verdad; y tampoco la leí tanto. La cosa contenida me dificulta la empatía. Pero no cejo, porque me gusta su figura, y muchos de sus versos, y me gusta su nombre y quiero que me guste.
Acá traduje uno, hace unos meses, pero no de los "difíciles". Hoy vamos a intentar otro en el taller de traducción. Si sale bien lo pongo.
Acá traduje uno, hace unos meses, pero no de los "difíciles". Hoy vamos a intentar otro en el taller de traducción. Si sale bien lo pongo.
Silencio
Mi padre solía decir:
“La gente superior nunca hace visitas
largas,
ni pide que le muestren la tumba de
Longfellow
o las flores de vidrio de Harvard.
Autosuficiente como el gato
–que con su presa se va a la intimidad,
la cola del ratón colgando de la boca–
disfruta a veces de la soledad
y puede quedarse sin palabras
ante palabras que la han deleitado.
El sentimiento más profundo se expresa con
silencio;
no con silencio, sino con moderación”.
Y no era hipócrita cuando decía: “Haz de mi
casa tu posada”.
La posadas no son residencias.
Silence
My father used to say,
"Superior people never make long visits,
have to be shown Longfellow's grave
nor the glass flowers at Harvard.
Self reliant like the cat --
that takes its prey to privacy,
the mouse's limp tail hanging like a shoelace from its mouth --
they sometimes enjoy solitude,
and can be robbed of speech
by speech which has delighted them.
The deepest feeling always shows itself in silence;
not in silence, but restraint."
Nor was he insincere in saying, "`Make my house your inn'."
Inns are not residences.
"Superior people never make long visits,
have to be shown Longfellow's grave
nor the glass flowers at Harvard.
Self reliant like the cat --
that takes its prey to privacy,
the mouse's limp tail hanging like a shoelace from its mouth --
they sometimes enjoy solitude,
and can be robbed of speech
by speech which has delighted them.
The deepest feeling always shows itself in silence;
not in silence, but restraint."
Nor was he insincere in saying, "`Make my house your inn'."
Inns are not residences.
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cosas que traduje
8 de diciembre de 2014
La foto del viaje es el viaje
Este poema de Billy Collins lo traduje hace tiempo y ahora lo remodelé al calor del taller de traducción. Qué inquietante que mi versión anterior me resulte tan fallida: eso no puede sino indicar que ésta es igual de fallida y lo voy a notar en un año, un mes o incluso ahora en un ratito cuando me tome el subte.
Las fotos del verano ahora están esparcidas
por la mesa como espejitos que reflejan
nuestro lugar en la historia europea.
Son el botín del viaje, con borde y
coloridas,
fracciones de segundos que después de la
cena
vamos pasando a los amigos para hacerles
creer
que encontramos dulzura, en algún lugar,
lejos.
Ahí estamos, la mirada familiar en lo
extranjero,
detenidos frente a una puerta cisterciense,
o reclinados, oblicuos, contra un kiosco;
congelados detrás de un Della Robbia
azul y blanco, o ante la mesa de un café
tapizada de guías de conversación,
oscuros en la sombra subexpuesta de un
toldo.
El mozo al fondo, con bigote y delantal,
les lleva a otros sus bebidas aun ahora
mientras otra vez miramos el pilón
notando que intentábamos quedarnos
quietos como pinturas hasta ser liberados
por el veloz chasquido del obturador
para después seguir sin foco, sin foto,
por una calle de maceteros, motocicletas,
dos borrones en la luz menguante de la
tarde,
las cámaras en sus estuches negros,
balanceándose, ciegas, a nuestros costados.
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28 de noviembre de 2014
Cinco tonteras espontáneas sobre la traducción
Traducir es adivinar. Al otro.
Cuando se está traduciendo hay que leer en paralelo muchas cosas que no tengan nada que ver con el texto traducido, porque milagrosamente aparecerán respondidas muchas dudas. O ver mucho cine con subtítulos. No me crean si no quieren. Pero la palabra problemática viene a uno desde las profundidades del azar, con una opción de traducción novedosa.
Guarda porque la palabra más anodina puede interrumpir el trabajo mandándote a escribir un poema. O el gugleo más fastidioso producir un resultado que te obliga a abrir un Word nuevo para anotar tus cositas.
Mi conclusión después de tantos años de traducir es que casi todas las palabras pueden significar casi todo.
Traducir es pensar en uno.
Cuando se está traduciendo hay que leer en paralelo muchas cosas que no tengan nada que ver con el texto traducido, porque milagrosamente aparecerán respondidas muchas dudas. O ver mucho cine con subtítulos. No me crean si no quieren. Pero la palabra problemática viene a uno desde las profundidades del azar, con una opción de traducción novedosa.
Guarda porque la palabra más anodina puede interrumpir el trabajo mandándote a escribir un poema. O el gugleo más fastidioso producir un resultado que te obliga a abrir un Word nuevo para anotar tus cositas.
Mi conclusión después de tantos años de traducir es que casi todas las palabras pueden significar casi todo.
Traducir es pensar en uno.
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8 de noviembre de 2014
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